Dos vecinas de Sant Andreu, en peligro de quedarse sin hogar. Lluïsa, vecina del barrio de toda la vida, vive con su madre, Emília, de 90 años, en el número 14 de la calle de Otger. Sin embargo, la propiedad les ha anunciado que derrumbarán el edificio en el que han vivido toda su vida, rescindiendo el contrato y sin dar una alternativa habitacional.

Se trata de un inmueble conocido -y reconocible- por los vecinos del barrio. Y es que es uno de los cada vez menos edificios antiguos que quedan. Esta casa ha acogido a Lluïsa y a su familia durante varias generaciones. Es, a su vez, uno de los pocos bloques viejos de la calle, parte del casco antiguo de Sant Andreu, pues en los últimos años se han derrumbado varios para construir nuevos bloques de viviendas.

LEGADO

La familia de Lluïsa se instaló en la vivienda en 1936, cuando Emília tenía solo tres años. Desde entonces, allí han convivido padres e hijos, hijos y nietos. "Somos la quinta generación de la familia viviendo aquí", explica a Metrópoli. A la angustia de poder quedarse sin hogar se le suma la pérdida de todo, pues su casa no es solo un techo, sino el legado y los recuerdos de toda su familia en el último siglo, añade.

Desde que llegaron al barrio, que tradicionalmente fue un pueblo y había sido anexionado por la capital catalana unas dos décadas atrás, no han faltado a un solo pago del alquiler. Pero el relevo generacional no ha tenido únicamente lugar en su familia, sino también en la familia propietaria del inmueble.

El número 14 de la calle de Otger, hogar de Lluïsa y Emília Sindicat d'Habitatge de Sant Andreu

ESPECULACIÓN

En este sentido, acusan directamente al actual propietario del piso, Gabriel Ribó, de querer derrumbar el edificio -cuyo contrato de alquiler es de renta antigua- para levantar un nuevo bloque de viviendas plurifamiliar, un caso de "especulación inmobiliaria" reflexionan tanto la vecina como el Sindicat d'Habitatge de Sant Andreu.

La última carta de la propiedad llegó en 2021, en la que comunicaban a las inquilinas que, amparándose en el artículo 62 de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) de 1964, el inquilino "no tendrá derecho a una prórroga legal" cuando "el arrendador proyecte el derribo de la finca para edificar otra que cuente, como mínimo, con un tercio más de las viviendas que en ella hubiere y una si nos las hubiere en el edificio que se quiere derruir, respetando el número de negocios si los hubiera".

INCERTIDUMBRE

Tras esto, y dos años más tarde, lamenta, lo único que saben es que se quedan en la calle, todavía sin fecha clara, y sin alternativa habitacional. En los últimos días, Sant Andreu ha amanecido con carteles denunciando su situación.

En un comunicado, el sindicato vecinal denuncia que, desde que heredó la vivienda, el propietario del edificio no se ha hecho cargo de su mantenimiento. Asimismo, claman que "Lluïsa solo quiere vivir donde lo ha hecho hasta ahora" y seguir perteneciendo a "la comunidad" que es Sant Andreu.

Metrópoli ha contactado con los representantes legales del propietario de la finca y han rechazado hacer declaraciones por cuestiones de confidencialidad.

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