Gulfam Shazad, fotografiado este miércoles en Badalona / GUILLEM ANDRÉS

Gulfam Shazad, fotografiado este miércoles en Badalona / GUILLEM ANDRÉS

Sucesos

Dos años secuestrado: una historia de esclavitud en Llinars

Un hombre denuncia a los Mossos que ha vivido desde verano de 2018 bajo las palizas y amenazas de una familia

20 mayo, 2021 00:00

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Son las 14.30 horas en Badalona y Gulfam Shazad (35 años) se dirige, con sus primos, a un restaurante pakistaní en Sant Roc. Los sigue a unos cinco metros de distancia. De poco sirven los requerimientos de su familiar Badal Ali. Explica que es una de las actitudes serviles y de sumisión heredada durante los dos últimos años y medio tras el infierno vivido que definen como un secuestro. Gulfam es campesino y analfabeto. En agosto de 2018, tres meses después de llegar a Barcelona, se instaló en una casa familiar de Llinars del Vallès bajo la promesa de un trabajo remunerado, comida y techo. No tenía papeles. Sin saberlo, el día que cruzó la puerta se convirtió en el esclavo particular de sus habitantes, una familia de origen pakistaní. Esta es una crónica de explotación, agresiones, palizas, amenazas y humillaciones desde la acomodada residencia de una urbanización, a 36 kilómetros de Barcelona.

Gulfam nunca fue a la escuela. Ha vivido siempre rodeado de animales. En la granja de su pueblo, al este del país asiático, pastoreaba cabras y vacas. La mayoría de miembros de su familia emigraron a España hace décadas y se instalaron en Barcelona, Badalona y Granollers. A finales de 2017 decide seguir su ejemplo y emprende una larga y peligrosa travesía de seis meses cruzando 10 países. Durante unos meses vivió en casa de sus tíos, los padres de Badal, hasta que un día salió a buscarse la vida tras enfadarse con su familia que, preocupada por su difícil adaptación en un contexto tan diferente, le recomienda que regrese a su pueblo.

AMENAZAS DE MUERTE

Tras dormir al raso algún día, el campesino Gulfam conoce a un hombre que le presenta a una mujer pakistaní de entre 50 y 60 años. Vive en Llinars del Vallès en una gran casa con su hijo, la mujer de este (española) y una niña pequeña. Le promete un sueldo de 600 euros por cuatro horas de jornada laboral. Recibe exultante su primera paga y la mujer le invita a instalarse en la vivienda familiar. A partir de ahí todo se tuerce. Ya no verá un solo euro y se convertirá en una suerte de esclavo dedicado a las labores domésticas y a trabajar en varios negocios de alimentación que tiene la familia repartidos por el Vallès Oriental.

Gulfam, tras recibir su última paliza / CEDIDA

Gulfam, tras recibir su última paliza / CEDIDA



Gulfam Shazad, tras recibir la última paliza a manos de uno de sus supuestos secuestradores / METRÓPOLI

En la denuncia presentada en la comisaría de los Mossos d'Esquadra de Granollers este martes 18 de mayo, Badal desgrana el infierno que su primo le describió unas horas antes. Adjunta un escrito del relato de su familiar al que le cuesta expresarse incluso en urdu, su propio idioma. Cuando llega a la vivienda, la familia le quita el pasaporte, documentación personal y un móvil que le había regalado Badal. "Desconocía el motivo, pero no tenía opción porque ya no tenía donde ir", explica la víctima. Entonces, empiezan los "maltratos" y las amenazas. Recibe agresiones cuando intenta hablar con su familia. Saben donde viven en Pakistán y amenazan con matarlos. Bajo estas coacciones constantes, decide acatar las nuevas órdenes y se adentra en una pesadilla.

30 MESES DE ESCLAVITUD

Su rutina empezaba a las seis de la mañana. Preparaba el desayuno para toda la familia, hacía la colada y otras labores domésticas antes de abrir los locales de alimentación sobre las nueve de la mañana. Allí cargaba y descargaba productos en distintos locales de Cardedeu, Granollers y Sant Celoni. Sobre las 22.30, siempre acompañado por alguno de los familiares, regresaba a la finca donde se encargaba de la cena. Se acostaba de madrugada, pasadas las 01.00, y dormía una media de cuatro horas cada día. Así todos los días. Sin domingos ni días festivos. Sus manos arrugadas revelan el arduo trabajo desempeñado durante más de 30 meses.

Las manos magulladas de Gulfam Shazad revelan el duro trabajado que se ha visto forzado a desempeñar / M.A

Las manos magulladas de Gulfam Shazad revelan el duro trabajado que se ha visto forzado a desempeñar / M.A



A Gulfam lo trataron como un animal. Así le llamaban, literalmente, sus explotadores. Recibía golpes semanalmente, insultos y humillaciones. Su labio partido revela la última paliza recibida, hace tan solo unos días, en uno de los supermercados en los que trabajaba. Cuando una vez por semana lo dejaban llamar a su padre, alguno de los miembros de la familia se quedaba a su lado escuchando la conversación. "Una vez intenté contarle mi situación para que avisara a mis primos y que me ayudaran. Me quitaron el móvil y me pegaron. Pensé que me pasaría toda la vida trabajando como un esclavo", señala en su relato a la policía. 

PALIZA GRAVADA

No lo encadenaron a una habitación ni lo amenazaron con un arma, pero la coacción y un terrible pavor le impidieron huir. "No sé nada de las leyes españolas y no sabía con quien podía contactar. No podía comunicarme con nadie porque me quitaron el teléfono", recuerda en el escrito. El miedo a que le hicieran algo a sus dos hijos y su mujer en su pueblo natal lo paralizó. No habla castellano y tenía prohibido cruzar palabra con cualquier trabajador de la familia. Sus explotadores empezaron a enviar mensualmente cantidades de entre 200 y 300 euros a su padre para no levantar sospechas. Él, sin embargo, nunca percibió nada.

El infierno de Gulfam terminó el 16 de mayo cuando, finalmente, logra contactar con su primo gracias a un cliente de uno de los establecimientos que encuentra a Badal a través de Facebook. Este le aconseja que pida todo el dinero que le deben y que se largue. Cuando comunica a la familia su intención de irse, uno de los hijos, el que habitualmente le agredía, se dirige a él sin mediar palabra y lo ataca con una lluvia de puñetazos. Metrópoli ha tenido acceso a las imágenes del momento de la agresión que muestran la paliza. El hombre también golpea a su hermana cuando intenta detenerlo. El marido de su hermana es quien llama a la policía y a una ambulancia que se lleva al hombre a un hospital. 

FIN DE LA PESADILLA

Badal acude al hospital cuando recibe una llamada y le preguntan si es su primo. Gulfam tenía su contacto escrito en una hoja de papel escondido en su calcetín gracias al cliente que lo ayuda horas antes. Al centro sanitario también acude la mujer de la casa quien asegura que el hombre le pertenece de algún modo y se encara con el primo. Acude una patrulla de Mossos d'Esquadra, que consigue inclinar la balanza a favor de la familia legítima del campesino. El coche policial escoltó a Badal y su primo hasta la autovía, poniendo fin a un infierno que empezó en agosto de 2018.

Gulfam, tomando un café con unos familiares en Badalona / GUILLEM ANDRÉS

Gulfam, tomando un café con unos familiares en Badalona / GUILLEM ANDRÉS



Los Mossos d'Esquadra investigan a varios miembros de esta familia por las lesiones, explotación laboral y secuestro. Agentes del cuerpo los visitaron este miércoles a primera hora de la mañana. Badal afirma que las amenazas a los parientes de su primo se extienden al Pakistán, donde el marido de su presunta secuestradora se ha dirigido a la casa de los padres de Gulfam.