La pequeña T.L.F tiene tres años y medio y vive en un centro de menores de Barcelona. Su madre la crió únicamente durante sus primeros dos meses de vida porque la Generalitat le retiró la custodia de su hija a las pocas semanas de nacer. Juana Flores (35 años), víctima de maltrato físico y psicológico por su expareja que jamás denunció, se provocó una sobredosis con las pastillas de la depresión y ansiedad que tomaba. Los Mossos d'Esquadra abrieron diligencias por un intento de suicidio (autolisis).

Ese 2 de setiembre de 2018, personal de la Direcció General d'Atenció a la Infància i l'Adolescència (DGAIA) se llevó a la bebé. El organismo –que vela por la protección de los menores desamparados en Cataluña– acordó la "protección inmediata" del niño. Dos días después declaró "de manera cautelar la situación de desamparo preventivo de la niña. A partir de ese día, la administración se convirtió en sus padres legales. Su madre biológica tenía permiso para visitarla tres días a la semana durante una hora. Desde diciembre de 2021, solo puede verla una hora al mes.

"ME HAN QUITADO LO ÚNICO QUE TENGO"

"Me entran ganas de decirle muchas cosas, pero me controlo. Es una niña pequeña. Vamos despacito, pasamos el rato en la sala de juegos.. Ella es bastante espabilada. Últimamente la veo un poco más triste y seria que antes", explica desde un despacho de abogados barcelonés que ha defendido sus intereses en dos juzgados. Ambos rechazaron la demanda que puso contra la resolución de la DGAIA en la que acordaba el desamparo preventivo de T.L.F. La última sentencia es del 22 de diciembre de 2021. El tribunal, formado por tres mujeres, fue tajante: Juana no está capacitada para ser su madre.

Durante la entrevista con Metrópoli saltan a la vista los esfuerzos de la mujer por evitar romper a llorar. Asegura que es víctima de una injusticia porque su situación personal ha mejorado sustancialmente durante este tiempo y recrimina a la justicia que "un día" marque una decisión tan importante, en su caso, perder a su hija. "Es lo único que tengo y si te quitan lo único que tienes... es que es muy fuerte. Asumo que me equivoqué, pero merezco una segunda oportunidad", clama. 

"DÉBIL VINCULACIÓN AFECTIVA" CON LA MADRE

La sentencia de la sección número 18 de la Audiencia de Barcelona es clara: "Se mantienen los indicadores de desamparo que hacen inviable un retorno de la pequeña con su madre en este momento". Las juezas destacan la "limitación de sus habilidades parentales", la "minimización de las causas" que provocaron el supuesto desamparo y un "cumplimiento irregular" de un plan de mejora firmado con la administración en octubre de 2018. La sentencia también asegura que Juana tiene una "frágil vinculación con el CSMA" (Centro de Salud Mental para Adultos), "la falta de red de soporte familiar y social, la poca claridad sobre su situación afectiva y la idealización del retorno que plantea desde sus propios deseos y no desde el interés de la pequeña". Rematan las magistradas afirmando que la niña tiene una "débil vinculación afectiva" con la madre.

Juana Flores, fotografiada cerca de la Ciutat de la Justícia el pasado viernes / GUILLEM ANDRÉS

 

Juana rechaza enérgicamente todos los argumentos de la DGAIA en los que se apoyan los jueces para separarla de su hija. La DGAIA apunta en sus informes a "retrasos constantes y ausencias" en las visitas. "No es verdad, para mi las visitas son sagradas. Quizá he fallado una o dos veces al mes. Siempre he avisado si no podía ir porque tenía médico, por ejemplo". El equipo de seguimiento describe una "actitud defensiva" de Juana y un "intento de llevarse por la fuerza" a la menor. "Me enfadé, sí, tuve un arrebato y dije que me la quería llevar al médico. Cogió una bronquitis y no la iban a atender hasta aquí unos días porque el médico visita el centro una vez a la semana. Al final, como les dije, tenía una bronquitis", explica.

EL ABOGADO: "LA CRIMINALIZAN POR UN TEMA PUNTUAL"

En el informe de desamparo, firmado por una trabajadora social y una psicóloga, se dice que, durante las visitas, la niña "se esconde de la madre" y que el vínculo entre ambas es "inexistente". Tampoco eso es cierto, asegura. "Es al revés. Ella me ha llegado a decir que por qué no vengo yo al lugar donde vive". Juana niega el diagnóstico de un Trastorno de Personalidad y un Trastorno Impulsivo Compulsivo que apunta la DGAIA. "No existe ningún informe médico que lo acredite. ¡Se lo han inventado!", replica. También despotrica del "consumo puntual de cocaína" y a la "ingesta de medicamentos durante el embarazo". Dice que antes del embarazo sí había probado la droga, pero que lo dejó al concebir a T.L.F. Los medicamentos, añade, son las pastillas por depresión y ansiedad que padecía, entonces, y sigue sufriendo.

El abogado Carlos García carga duramente contra las dos sentencias. "No entiendo que por un tema puntual de hace años se la criminalice permanentemente. Ella se ha ido recuperando. Ahora tiene una casa mejor y medios económicos. Las cosas han cambiado, pero ellos insisten en que no ha sido así", relata. Bajo su punto de vista, la administración debería haber valorado si la madre se ha recuperado mediante un informe médico forense. "No hay ningún informe que diga que tiene una enfermedad mental". Ella asegura que se tomó esas pastillas para "llamar la atención" de su pareja e intentar, así, modificar su comportamiento.

HUÉRFANA A LOS NUEVE AÑOS

Poco después de perder la custodia de su pequeña, Juana se instaló en un piso de emergencia social por el que paga 280 euros de alquiler. Recibe la renta garantizada de ciudadanía de 600 euros y está buscando trabajo. Tiene experiencia de camarera, un curso sobre auxiliar de geriatría y actualmente realiza otro curso de formación laboral. Cuando tuvo a T.L.F su situación era otra. Vivía en "pésimas condiciones", según Carlos, en un piso de 30 metros cuadrados con su expareja. Sufría maltrato psicológico y la pegó en dos ocasiones. "Me insultaba y me trataba mal", sostiene.

Juana coge a su hija en una fotografía tomada en 2021 / CEDIDA

 

En el informe negativo de la DGAIA también reprochaban a Juana el hecho de que "no quedaba clara la relación" con ese hombre. "Tampoco les iba a llamar cada día actualizando la situación. Tenía un apego sentimental con él, pero lo dejé hace más de un año. Eso ya se terminó", insiste. 

La mujer no ha tenido una vida fácil. Se quedó huérfana a los nueve años cuando su madre murió por enfermedad. Ella misma es una "hija de la DGAIA" como dice su abogado. "En la sale alegué que su hija podía recibir la educción que ella no tuve", comenta. A su padre, que también había muerto, jamás lo conoció. Vivió en varios centros de menores de los 9 a los 17 años, cuando se fue con su pareja de entonces con el que tuvieron un hijo que ahora tiene 16 años. Con el padre mantiene una buena relación e incluso le envía dinero regularmente desde Noruega, donde reside con el chaval, que pasa las vacaciones con su madre. "Lo crié y estuve con él siete años sola. ¿En qué se basan para decir que no puedo criar a mi niña? Si logré hacerlo con mi otro hijo", se queja.

LAS JUEZAS:  "LA MENOR NO PUEDE ESPERAR"

Durante su juventud se relacionó con "gente mala", pero asegura que logró encauzar su vida. "No es fácil salir adelante con la vida que he tenido. Muchos amigos que tuve entonces ahora están muertos o en la cárcel".

La conclusiones finales del informe de la Generalitat es demoledor para Juana. "Se valora que la señora Flores no dispone de capacidad protectora ni educativa para ejercer sus funciones parentales para poder atender las necesidades de las diferentes esferas vitales de la pequeña". La sentencia judicial es rotunda: "La señora Flores ha tenido un periodo de tiempo muy amplio para aceptar la situación en la que se encontraba y trabajar para revertir la misma, pero no lo ha hecho y, como dice un informe de la DGAIA, la menor no puede esperar más tiempo para que su madre se recupere en algún momento". 

Fuentes del organismo de protección a la infancia señalan que no pueden valorar el caso ni facilitar información sobre expedientes que afectan a niños y adolescentes atendidos por el sistema de protección. Sobre el régimen de visitas, aseguran que "cada caso depende de la necesidad de los niños de ver a sus padres y que los profesionales que lo atienden toman la decisión siempre en beneficio e interés del niño".

RÉGIMEN DE VISITAS

El abogado denuncia que la DGAIA incumple su propio régimen de visitas que en los informes especificaba que consistía en tres veces por semana. "Quieren romper la relación emocional entre la madre y la pequeña", asegura el letrado. Los jueces no pueden entrar a valorar el régimen de visitas, por lo que García interpreta que existe un "abuso" con un único objetivo: "Que la madre se desconecte totalmente de la menor".

Juana en un café de L'Hospitalet de Llobregat / GUILLEM ANDRÉS

 

Ese escenario, que Juana no se quiere ni imaginar, no es tan lejano, si se tiene en cuenta de que la Generalitat trabaja para que la pequeña T.L.F viva en una familia de acogida. Si eso ocurre, la madre ya no podrá visitar a la pequeña nunca más. Carlos estudia la posibilidad de denunciar el caso al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Mientras, a este joven le retumba la frase de la pequeña en la última visita. "¿Vendrás mañana?".

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