Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla Gala Espín Barcelona

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Carolina (62), cuarta generación de una de las floristerías más antiguas de Barcelona: "No pienso en jubilarme y no me preocupa la falta de relevo, todo tiene un final"

La historia de su familia y ahora de su negocio empezó en 1888, cuando su bisabuela abrió el puesto fijo en la Rambla, aunque ya antes su tatarabuela vendía flores ambulantes. Desde entonces, generación tras generación, siempre ha habido una Carolina al frente. Su abuela, su madre y ahora ella misma

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En Plaça de Catalunya, donde el ruido nunca se detiene del todo pero el paso se ensancha, Carolina coloca con cuidado un ramo mientras mira de reojo el flujo constante de gente. No es la La Rambla de siempre, pero tampoco es un lugar ajeno. Es, de momento, su sitio.

A su espalda, el quiosco, nuevo, funcional, provisional, intenta parecer definitivo. Forma parte de los ocho módulos que el Ayuntamiento ha trasladado a este tramo de la plaza, entre Pelai y Bergara, para mantener la actividad durante la reforma integral del paseo.

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla Gala Espín Barcelona

A su alrededor, la ciudad se prepara para la Diada de Sant Jordi, ese día en que Barcelona se convierte en una coreografía de libros y rosas. Para Carolina, sin embargo, nunca ha sido solo un día.

Una historia que no cabe en un día

Su historia, la de su familia, no cabe en una jornada. Empieza mucho antes, en 1888, cuando su bisabuela abrió el puesto fijo en la Rambla, aunque ya antes su tatarabuela vendía flores ambulantes. Desde entonces, generación tras generación, siempre ha habido una Carolina al frente. Su abuela, su madre, ella misma.

“Siempre ha habido una Carolina”, repite mientras acomoda los tallos. Como si el nombre fuera también una forma de resistencia.

Memoria viva de la ciudad

Por ese puesto han pasado figuras que hoy parecen casi irreales: Salvador Dalí, Federico García Lorca, Alexander Fleming. Pero lo cuenta sin solemnidad, como quien enumera clientes habituales.

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla Gala Espín Barcelona

Con Lorca, la historia se detiene un poco más. Un año antes de su asesinato, representó Doña Rosita la soltera en el Teatro Principal de la Rambla. La abuela de Carolina llevaba flores a la actriz Margarita Xirgu. En agradecimiento, el poeta cerró el teatro un domingo solo para las floristas y sus familias. También les dedicó un poema. “Eso no ha pasado nunca más”, dice.

El peso del presente

Hay algo en esa memoria que pesa menos que las flores, pero dura más.

Ahora, en cambio, todo se mide en tiempos más inmediatos. En plazos de obra. En previsiones de venta. En logística. Los ocho quioscos han sido trasladados aquí mientras la Rambla se reforma hasta, previsiblemente, 2027.

Un traslado con matices

“No hay motivo para quejarse”, asegura. “El sitio es bonito”.

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla Gala Espín Barcelona

No todos piensan igual. “Nunca llueve a gusto de todos”, añade, casi como una nota al margen. Hay clientes que agradecen la cercanía, otros que sienten que les han desplazado demasiado. Los de abajo, dice, son los que más lo notan: “Les cuesta subir”. Los de arriba, en cambio, han ganado un acceso directo.

El vínculo que no se rompe

Ella lo observa como quien ya ha visto demasiados cambios.

Porque este es el primero que la saca de la Rambla de verdad. Antes, cuando reformaron su histórico puesto, el premiado con un FAD, se trasladaron unos metros, pero sin romper el eje. Ahora no. Ahora hay distancia.

La clientela, el verdadero lugar

Y aun así, los clientes siguen llegando. “Los que son clientes, lo son estemos donde estemos”, afirma, mientras termina un ramo encargado. Son pedidos que, en muchos casos, vienen de décadas atrás: bodas de abuelos, luego de padres, ahora de nietos.

'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla Gala Espín Barcelona

El oficio no tiene nada de romántico cuando se mira de cerca. Jornadas largas, madrugones al mercado, controlar temperaturas, flor que aguante, flor que no se hiele. Carolina recuerda a su abuela yendo a buscar agua a la fuente porque no había corriente en el puesto. Recuerda también la guerra, la viudedad, una mujer sola sacando adelante el negocio. “Fue la que más luchó”, dice sin dudar.

Herencia de esfuerzo

Hoy todo es más cómodo, hay luz, hay agua, pero no necesariamente más fácil. El sector ha cambiado: menos floristas, más competencia, más exigencia estética. Antes bastaba con una idea; ahora el cliente llega con cien referencias guardadas en el móvil.

También la ciudad. Más turismo, más presión, más dificultad para moverse. Carolina lo describe con una imagen sencilla: avanzar haciendo eses entre móviles levantados.

“Me gustaba más antes”, reconoce.

Y, sin embargo, llega Sant Jordi.

El día más intenso del año

Para el que pasea, es un día luminoso. Para ella, una semana entera comprimida en unas horas. Encargos que empiezan días antes, presupuestos, preparación, logística. El 23 es solo la culminación.

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla Gala Espín Barcelona

“Es un día muy bonito, pero muy estresante”, dice.

Un Sant Jordi distinto

Este año será distinto: el primero fuera de la Rambla. Pero no espera un cambio radical. La clientela se mantiene, los encargos también. Lo que cambia es la geografía emocional del paseo.

Aquí, en Plaça Catalunya, algunos les piden que no se vayan nunca. Abajo, otros esperan que vuelvan cuanto antes.

La rosa, entre tradición y cambio

Entre medias, la rosa sigue siendo la misma. O casi. Porque también ha cambiado: ahora llega de Colombia o Ecuador, más cara este año, con precios que oscilan según el nivel de elaboración. Desde la más sencilla hasta la más sofisticada.

Rosas en el quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

Rosas en el quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla Gala Espín Barcelona

Pero el gesto, entregar una rosa, permanece intacto.

Un final sin prisa

Carolina tiene 62 años y no piensa en jubilarse. No todavía. Habla de ello como de algo lejano, casi abstracto. Tampoco le preocupa que no haya relevo generacional. "Todo tiene un inicio y un final”, asume.

Lo dice sin nostalgia impostada. Más bien con la serenidad de quien ha visto pasar más de un siglo condensado en un mostrador.

Quiosco de flores 'Carolina' en Plaza Catalunya por las obras de La Rambla

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Antes de despedirse, deja una última idea que funciona como síntesis de todo lo anterior, como si en ella cupiera la Rambla, la plaza, la familia, la ciudad y el tiempo: “Las flores te acompañan desde que naces hasta que te marchas”.

En unas horas, Barcelona volverá a llenarse de ellas. Y Carolina, desde este rincón provisional de la ciudad, seguirá haciendo lo mismo que su familia empezó en 1888: sostener, ramo a ramo, una tradición que cambia de lugar, pero no de raíz.