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El pueblo medieval perfecto para visitar en primavera: conjunto histórico-artístico y un puente románico del siglo XII

Esta villa, que llegó a ser la sede de un importante condado independiente, vio nacer la nación catalana junto a territorios históricos como Barcelona, Ripoll y Girona

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Con la llegada del buen tiempo, las ganas de realizar escapadas de fin de semana se multiplican.

Quienes buscan combinar la belleza de los paisajes naturales con un viaje en el tiempo encuentran en Catalunya destinos que parecen extraídos de una leyenda.

Ubicado en un estratégico y tradicional cruce de caminos al este de la comarca de la Garrotxa, existe un rincón único que florece con un encanto especial durante los meses primaverales.

Fortaleza entre ríos

Se trata de Besalú, originalmente conocido como Bisuldunum, una antigua fortaleza abrazada por los ríos Fluvià al sur y Capellades al norte.

Esta villa, que llegó a ser la sede de un importante condado independiente, vio nacer la nación catalana junto a territorios históricos como Barcelona, Ripoll y Girona.

Hoy en día, pasear por su entramado urbano transporta de inmediato a la época de los caballeros y los mercaderes.

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Tesoro monumental

El gran atractivo de esta localidad radica en su conjunto histórico-artístico medieval, considerado unánimemente como uno de los mejores conservados de toda la comunidad autónoma.

Las piedras de sus edificios narran historias de poder, fe y convivencia cultural.

Entre sus tesoros arquitectónicos destaca la antigua iglesia del monasterio de Sant Pere, edificada en el siglo XII, cuyo deambulatorio sorprende a los expertos por su gran originalidad.

Riqueza religiosa y civil

La riqueza religiosa y civil del municipio no termina ahí. A pocos pasos, el visitante se topa con la iglesia de Sant Vicenç, un templo del siglo XII que alberga una capilla gótica lateral dedicada a la Vera Cruz.

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También merecen una parada pausada la fachada de la antigua iglesia hospital de Sant Julià y la Casa de Cornellà, un bellísimo exponente del románico de la misma época.

Para completar la inmersión en su pasado administrativo, la sala gótica de la Curia Real se alza como un testimonio del esplendor civil de la villa.

Herencia judía

Más allá de sus templos cristianos, el municipio es célebre por su judería, donde las calles empedradas de este barrio conservan un misticismo que atrapa a los turistas.

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El elemento más valioso de este entorno es el Micvé, una casa de baños rituales judíos construida en piedra con una bóveda de cañón típicamente románica del siglo XII.

Este espacio arquitectónico es, junto al que se encuentra en Girona, el único recinto de baños medievales de esta cultura descubierto hasta la fecha en toda la Península Ibérica.

Puente románico

El verdadero icono y la postal más fotografiada de la localidad es, sin duda, su majestuoso puente románico del siglo XII. Esta imponente estructura cruza las aguas del río Fluvià y da la bienvenida a los viajeros que buscan una experiencia turística inolvidable.

Cruzar sus arcos durante un atardecer de primavera, con la vegetación ribereña en pleno apogeo, justifica por sí solo la excursión a este idílico enclave gerundense.