Los síntomas de la hidrocefalia cambian según la edad de los niños

Los síntomas de la hidrocefalia cambian según la edad de los niños EUROPA PRESS

En colaboración con

Vivir en Barcelona

Hidrocefalia infantil: las señales que conviene detectar cuanto antes

Los especialistas insisten en la importancia de reconocer las señales de alerta y acudir pronto a revisión para mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los pequeños

Leer en Castellano
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

La hidrocefalia infantil es una enfermedad neurológica que se produce cuando el líquido cefalorraquídeo se acumula de forma anormal en el cerebro. Ese líquido cumple funciones esenciales: protege el sistema nervioso, transporta nutrientes y ayuda a eliminar sustancias de desecho. El problema aparece cuando algo falla en su circulación, absorción o producción y empieza a acumularse, aumentando la presión dentro del cráneo.

“Detectar los síntomas en fases tempranas puede cambiar de forma importante la evolución del niño”, explica la doctora Patricia Puerta, especialista en Neurocirugía del Hospital Universitari Dexeus. La especialista recuerda que, aunque el diagnóstico suele generar inquietud en las familias, hoy existen tratamientos eficaces y un seguimiento muy avanzado.

Las causas más frecuentes

“En consulta vemos casos asociados a malformaciones congénitas, prematuridad o infecciones”, señala la doctora Puerta para aclarar que la hidrocefalia pediátrica puede aparecer por diferentes motivos.

Entre las causas más habituales están la hidrocefalia congénita, las hemorragias intraventriculares, especialmente en bebés prematuros; las infecciones del sistema nervioso central, algunos tumores cerebrales y malformaciones como la espina bífida o la estenosis del acueducto de Silvio.

Patricia Puerta, especialista en Neurocirugía del Hospital Universitari Dexeus

Patricia Puerta, especialista en Neurocirugía del Hospital Universitari Dexeus CEDIDA

Síntomas que pueden poner en alerta

Las señales cambian según la edad del niño. En los bebés, uno de los signos más visibles es el aumento rápido del tamaño de la cabeza. También pueden aparecer irritabilidad, vómitos, la fontanela abombada o la desviación de la mirada hacia abajo, conocida como ‘signo del sol poniente’.

En niños más mayores los síntomas suelen ser distintos: dolores de cabeza persistentes, náuseas, somnolencia, alteraciones visuales o incluso cambios en el comportamiento y el rendimiento escolar. “A veces son síntomas poco específicos y pueden confundirse con otros problemas comunes de la infancia. Por eso es importante valorar el conjunto de señales”, apunta la neurocirujana.

Tratamiento y controles a largo plazo

El tratamiento más frecuente consiste en colocar una válvula de derivación, un sistema que permite drenar el exceso de líquido desde el cerebro hacia otra parte del cuerpo, normalmente el abdomen.

En algunos pacientes también puede realizarse una ventriculostomía endoscópica, una cirugía menos invasiva que ayuda a restablecer la circulación del líquido cefalorraquídeo. “La elección del tratamiento siempre depende de cada niño, de su edad y de la causa de la hidrocefalia. No todos los casos necesitan el mismo abordaje”, aclara la doctora Puerta.

¿Cuándo acudir al especialista?

Los expertos recomiendan consultar cuanto antes si un niño con válvula presenta dolor de cabeza intenso, vómitos repetidos, somnolencia excesiva, irritabilidad sin motivo aparente o alteraciones visuales. En bebés, además, hay que vigilar si la fontanela se abomba o si la cabeza crece demasiado rápido.

También son señales de alerta la fiebre sin causa clara o el enrojecimiento e inflamación en la zona donde pasa la válvula. “Cuando una válvula deja de funcionar correctamente, actuar rápido es clave para evitar complicaciones”, advierte la especialista.

Vida normal

Aunque el diagnóstico puede resultar duro al principio, el pronóstico ha mejorado muchísimo en los últimos años.

“Con un seguimiento adecuado, muchos niños pueden hacer una vida completamente normal, ir al colegio, practicar deporte y desarrollarse igual que otros niños de su edad”, concluye la doctora Patricia Puerta.