Imagen de los jardines del Mestre Balcell en Gràcia / INMA SANTOS HERRERA
Imagen de los jardines del Mestre Balcell en Gràcia / INMA SANTOS HERRERA

Un pulmón entre fincas en Gràcia

Los jardines del Mestre Ballcells, dedicados al fundador del Orfeó Gracienc, tienen apenas 400 m² ganados para el barrio entre edificios

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Periodista

Es un jardín entre fincas, un pequeño pulmón ganado para el barrio entre calles secundarias en el norte del núcleo histórico de la Vila de Gràcia, con entrada y salida a dos calles: el número 43 de la calle de Sant Salvador y el pasaje de Frigola (un callejón sin salida de aire modernista). ¿Pequeño? Pues si ahora os parece un espacio pequeño, tendríais que haberlo visto antes de su reinauguración en 2014, después de anexionarse un solar vecino, oficialmente en desuso aunque okupado por sintecho. Son los jardines del Mestre Balcells, un homenaje al fundador del Orfeó Gracienc.

Esta reciente reforma no es ni mucho menos la primera. En octubre de 2003 ya vivieron una primera reapertura tras una remodelación profunda que llevó aparejada un largo trámite de expropiaciones de fincas limítrofes. Hasta entonces, ese jardín que hoy a los vecinos les parece grande, habían permanecido ocultos tras una tapia y con unas empinadas escaleras. Ese primer lavado de cara, sirvió para limpiarlo, eliminar las escaleras y sustituirlas por un sistema de rampas conectadas hasta el pasaje de Frigola, además de incorporar nuevos árboles. Sin embargo, quedó pendiente la reconversión de la finca vecina para su ampliación.

OASIS

Con la última parcela conquistada, los actuales jardines alcanzaron los 400 m² y adquirieron su aspecto actual: se amplió la explanada de acceso principal, ganó nuevos taludes y rampas y se incorporó mobiliario urbano además de mejorar la iluminación. Su sistema de taludes ha hecho posible crear diferentes zonas en un espacio bastante reducido: cuenta con un parque para niños, dos fuentes e incluso un pipicán. Todo un oasis para un barrio que no cuenta apenas con zonas verdes.

Hasta hace unos años, contaba con una palmera canaria incluida en el catálogo de árboles de interés local, pero no hubo manera de salvarla y tuvieron que cortarla. Hoy lo más destacado del parque es una escultura de bronce, obra de Rafael Solanic, dedicada a Balcells.

Sin embargo, no puedo acabar esta entrada sin hablar de la misteriosa torre que se asoma al parque desde la finca vecina. Escondida como un tesoro tras un enorme jardín delantero, sobre una parcela de 1.220 m², se alza una enorme finca regia que data de 1900. Un caserón de dos plantas coronado por una torre con tejado a dos aguas y dos grandes ventanas con arco de medio punto, que parece vigilar el parque.

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