Uno de los platos que se sirven en el restaurante Pueblo Libre de Barcelona

Uno de los platos que se sirven en el restaurante Pueblo Libre de Barcelona Pueblo Libre

Gastro

El restaurante del Eixample que te transporta a Perú sin salir de Barcelona: cocina popular a menos de 20€ el plato

El proyecto del chef Pablo Ortega consolida su apuesta por el recetario familiar y la paciencia de los guisos, ofreciendo un refugio de honestidad culinaria ajeno a las modas pasajeras

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Hay restaurantes en Barcelona que parecen diseñados para ser fotografiados y otros, los imprescindibles, que están pensados para ser comidos.

En esa segunda categoría, la que huye del artificio y abraza la sustancia, se ha hecho fuerte Pueblo Libre. A punto de cumplir cinco años de vida, el proyecto del chef Pablo Ortega se ha convertido en una anomalía maravillosa dentro del circuito gastronómico actual: un lugar que no necesita "storytelling" ni manuales de instrucciones para convencer al comensal, porque su cocina se explica sola mucho antes de que el camarero traiga la carta.

La experiencia comienza con una declaración de intenciones olfativa. Del mismo modo que el olor a pan tostado y aceite virgen actúa como un sello de garantía en las tabernas catalanas de toda la vida, en Pueblo Libre el aire transporta notas profundas de aderezos y sofritos de larga cocción.

Interior del restaurante Pueblo Libre en Barcelona

Interior del restaurante Pueblo Libre en Barcelona Pueblo Libre

Una apuesta personal

Es el aroma inconfundible de la cocina de olla, esa que no entiende de prisas y que se levanta sobre los pilares de la memoria doméstica. Aquí, el lujo no está en la vajilla ni en nombres exóticos, sino en la dedicación invisible de unas recetas que beben directamente de la tradición popular peruana y de los cuadernos de cocina de la familia de Ortega.

Este proyecto, que ya roza el lustro de vida, se ha consolidado como la apuesta más personal del chef Pablo Ortega. Lejos de buscar la reinterpretación forzada o la fusión artificiosa, Ortega ha convertido su cocina en un tributo a la memoria familiar y popular.

Los cimientos de sus platos descansan sobre las libretas de recetas de "Mamá Lucha", su abuela Luisa, quien recopilaba con devoción las enseñanzas de Don Pedrito, un icónico cocinero de la Marina de Guerra del Perú.

Uno de los platos del restaurante Pueblo Libre de Barcelona

Uno de los platos del restaurante Pueblo Libre de Barcelona Pueblo Libre

Esta herencia se traduce en una propuesta de "rancho" refinado: raciones generosas, honestidad en el producto y una ausencia total de pretensiones innecesarias.

La reivindicación del "chup-chup"

La columna vertebral de Pueblo Libre es, indiscutiblemente, la cocina de fondo. Frente a la inmediatez de otras propuestas, aquí se reivindica el tiempo como ingrediente principal.

El estofado de ossobuco, servido con puré y arroz, es el ejemplo perfecto de esta filosofía: un plato reconfortante que exige horas de fuego para alcanzar su punto óptimo.

Del mismo modo, el ají de gallina se presenta con una untuosidad y un equilibrio de condimentos que rozan la perfección académica, sostenido por una causa que aporta la contundencia necesaria para convertir el bocado en una experiencia completa.

Uno de los platos del restaurante Pueblo Libre de Barcelona en una imagen de archivo

Uno de los platos del restaurante Pueblo Libre de Barcelona en una imagen de archivo Pueblo Libre

La carta también se permite jugar con la nostalgia compartida entre ambos lados del Atlántico. Destaca especialmente la causa cóctel de langostinos, una elaboración que funciona como un puente temporal hacia el popular cóctel de gambas con salsa rosa que reinó en las mesas españolas de los años noventa.

Sin embargo, la versión de Ortega gana en profundidad y carácter gracias a la base de papa prensada y ají, demostrando que la cocina popular puede dialogar con el recuerdo sin caer en lo viejuno. Por supuesto, no falta el ceviche limeño, ejecutado con precisión quirúrgica en el corte del pescado fresco y el balance de acidez.

Un final dulce con personalidad

La honestidad de la propuesta se mantiene intacta hasta el momento del postre, huyendo de los finales excesivamente azucarados. La tarta de chocolate sorprende por su textura esponjosa y tierna, elaborada con un cacao de alta calidad que evita ser empalagoso.

No obstante, el broche de oro para los paladares más curiosos es el helado de lúcuma. Este fruto andino ofrece un sabor que puede resultar chocante en el primer contacto, pero que posee una cualidad adictiva capaz de conquistar al comensal a partir de la tercera cucharada, cerrando la experiencia con un matiz exótico y auténtico.