El candidato a liderar BComú, Gerardo Pisarello, junto a su número dos, Carolina Recio
Los gestos de Pisarello
"Pisarello y Colau barrerán a Bob Pop, pero acabarán barridos a su vez por los votantes, que todavía recuerdan con escalofríos los años que estuvieron mandando en Barcelona y cómo no cumplieron jamás nada de lo prometido"
El candidato oficial de los comunes a la alcaldía de Barcelona, el peronista Gerardo Pisarello, alcanzó la gloria hace unos años, en el balcón del ayuntamiento, cuando se puso a porfiar con Alberto Fernández Díaz por un quítame allá esa bandera española. Por los motivos que fuesen, al argentino le sentó mal que el político del PP intentara colgar la enseña nacional y trató de impedírselo, aunque no se salió con la suya.
Igual pensó que sobreactuar de falso catalán le beneficiaría, o igual tiene un problema con la bandera, lo que no sería de extrañar si tenemos en cuenta que lo primero que hizo cuando empezó a trabajar en el parlamento español (enviado por Ada Colau junto a Jaume Asens para socializar el sufrimiento) fue retirarla de su despacho.
Corre por ahí otra foto del muchacho en la que queda meridianamente clara su tendencia a la adulación y al servilismo hacia todo aquello que cree que pudiera beneficiarle.
En ella se ve a Ada Colau siendo abrazada por Ernest Urtasun mientras Pisarello le agarra la mano y se la besa como si estuviera ante el Papa de Roma. No es de extrañar, pues, que Ada lo haya escogido para heredar su cargo en el ayuntamiento.
Dada la capacidad gestual del político argentino, se nos olvida en qué consiste su pensamiento, más allá de cuatro vaguedades sobre la clase obrera, el capitalismo criminal y otras vulgaridades, siendo la principal sus constantes afirmaciones de militar en la izquierda renovadora sin que aporte la menor prueba de ello.
Los comunes se juegan mucho en las próximas elecciones municipales porque su poder de convocatoria se va esfumando día a día. Los comunes cada vez caen peor y ya solo convencen a los convencidos.
Basta con leer los comentarios insidiosos en redes sociales a raíz de la hospitalización de la señora Colau (algunos de ellos muy desagradables, malévolos y carentes de la más mínima empatía humana) para comprobar el odio que generan la lideresa y su patulea de presuntos amigos del pueblo.
Las alternativas izquierdistas se van desmoronando en España sin poder echar la culpa a nadie de su incompetencia, y da la impresión de que lo mismo sucede en nuestra querida ciudad.
No sé qué le baila por la cabeza a Ada Colau ni a qué aspira, si es que aspira a algo, pero en un partido tan personalista como el suyo, lo de hacerse a un lado y buscarse un sustituto no sé si es la mejor manera de comerse algo electoralmente hablando. A no ser que su plan sea colocar a Pisarello y quedarse detrás de una cortina controlando lo que hace, como hacía su propio marido cuando ella ejercía de alcaldesa.
Aunque es muy de agradecer que un secuaz te bese la mano, no sé si basta con eso para que te conviertas en alcaldable. También puede ser que no hayan encontrado nada más atractivo que Pisarello porque están en cuadro y no hay banquillo.
En cualquier caso, la propuesta del bienintencionado Bob Pop no parece haber hecho mucha gracia en la cúpula del partido. Una cosa es utilizarlo como bufón progresista en los mítines y otra, respaldar su candidatura a algo tan serio como regir los destinos de nuestra ciudad. Y es que el pobre Bob se ha metido en un fregado que le supera, aunque estoy convencido de sus buenas intenciones.
Quizá su error ha sido creer que gente como Pisarello y Colau son sus amigos, cuando esos dos no son amigos de nadie más que de sí mismos y su sillón de ordeno y mando.
Barrerán a Bob, pero acabarán barridos a su vez por los votantes, que todavía recuerdan con escalofríos los años que estuvieron mandando en Barcelona y cómo no cumplieron jamás nada de lo prometido.
Y si desaparecen de la política barcelonesa, no creo que nadie lo lamente mucho, aunque las alternativas tampoco sean como para tirar cohetes.