Mujeres quemando burka durante la concentración en Barcelona / TWITTER - @CatAbolicion
El Burka, un presidio de tela
"Nadie puede infringir nuestras normas básicas de convivencia apelando a su cultura, país de origen o a una particular interpretación de su religión. Y el Burka lo es. No prohibir esta prenda, y otras similares, es condenarla a la negación de ser"
Los años pasan, pero el Burka y el Nicab siguen presentes, y cada vez más, en nuestra sociedad y en nuestras calles. Es así por los complejos en hacer valer un principio que ha de ser capital en respeto y en libertad.
Nadie puede infringir nuestras normas básicas de convivencia apelando a su cultura, país de origen o a una particular interpretación de su religión. Y el Burka lo es. Una cárcel de tela que priva a la mujer de su dignidad e impide su libertad.
No prohibir esta prenda, y otras similares, es condenarla a la negación de ser. Su escarmiento por infrigir esta imposición conlleva penas de marginación familiar y de su entorno, cuando no contra su propia integridad física.
Esta práctica no se puede consentir y la única forma de hacerlo es mediante su prohibición. Prohibir no para multar, sino para poder intervenir contra quien se oculta bajo este ropaje, quien la obliga a ella. Así lo hice en Barcelona cuando solicité como concejal, hace dos décadas, incorporar la prohibición del Burka en la Ordenanza de Civismo.
Lo he vuelto a reiterar ahora presentando alegaciones e impugnaciones a la modificada norma municipal que ha entrado en vigor el pasado 15 de febrero en su artículo 16 y relativo a las normas de conducta.
Durante su información pública previa a aprobar la Ordenanza los grupos políticos que presentaron observaciones a la norma municipal, Junts, ERC y Comunes, no hicieron mención alguna a impedir las prisiones de tela. Ahora, son varios los partidos que están en esa línea de prohibición del Burka.
Junts pactó con el alcalde Collboni y ERC la modificada Ordenanza, pero no fue capaz de transaccionar mi propuesta de prohibición. Podía haberse acordado e incluirla en el texto, como sí se hizo con otras normas de conductas reprobables, con una Disposición de mandato al propio Ayuntamiento de promover una Ley que ampare las prohibiciones municipales del Burka o el Nicab.
Cabe recordar que, tras insistir yo en distintos plenos consistoriales, el entonces Alcalde Jordi Hereu anunció en el año 2010 un Decreto de prohibición. Debería afectar a los espacios públicos, bibliotecas, centros cívicos, dependencias municipales, equipamientos deportivos o culturales, mercados, etc., sin olvidar una exigencia especial en eventos con aglomeraciones de público.
Una prohibición por razones de seguridad a las que cabe añadir la obligada defensa de la dignidad de toda mujer y su libertad.
Posteriormente, se dictó una sentencia del Tribunal Supremo, la STC 693/2013 de 14 de febrero, con relación a la prohibición del velo integral aprobada en la ciudad de Lleida.
Argumentaba esta resolución judicial que la Ordenanza no tenía amparo previo en ley alguna para limitar el ejercicio de la libertad religiosa. En consecuencia, nunca es tarde. Promuévase una ley que prohíba el burka y, con esta cobertura legal, impídase el uso de esta y otras prendas presidiarias con leyes y ordenanzas.
Por cierto, también debieran prohibirse otras prendas que cubren el rostro y conductas, por ejemplo, participar en manifestaciones o deambular portando un casco, un pasamontañas o una braga.
Esta solicitud mía, también se rechazó su inclusión, sin más, en la Ordenanza por carecer de respaldo legal.
En plazo he presentado un recurso de Reposición contra el acuerdo plenario municipal que aprobó la Ordenanza. Me temo que el gobierno optará `por el silencio administrativo para desestimar mi impugnación.
Se tiene una oportunidad para que los concejales vuelvan a debatirla y votarla y, entre la treintena de aspectos que proponía, si no quieren prohibir el Burka en la Ordenanza, al menos acuerden incorporar en la norma municipal que se instará a la aprobación de la ley.
Quienes han apoyado el texto ya lo han hecho, tímidamente, con otras de mi peticiones, la exigencia del arraigo cívico, respeto a la convivencia, para aquellos extranjeros que quieran residir y trabajar aquí.
La semana pasada en el programa Els Matins de TV3 mantuve un cara a cara con la exalcaldesa Ada Colau sobre la prohibición del Burka.
La exalcaldesa comparó a las mujeres obligadas por sus maridos a portar este ropaje con los Nazarenos de Semana Santa, un despropósito. Desde la izquierda, y más de la extrema, siempre se ha sido muy valiente en la burla o menosprecio de los católicos y muy cobardes ante ciertas visiones del islam. Y es que el cristiano pone la otra mejilla y un integrista musulmán te puede cortar el cuello.
Ser multicultural y diverso no conlleva renunciar a la exigencia de un mínimo común denominador de convivencia. La dignidad, la libertad, la igualdad, la integración y el respeto son valores de sociedad esenciales e inquebrantables.
Ante las conductas que menoscaban su observancia, la prohibición es la garante de su preservación.