Una pancarta colgada en un balcón de El Gòtic para denunciar el incivismo
De la intolerancia, la incomprensión y el egoísmo
"Barcelona es una gran ciudad. Somos muchos y hay ruido. También incívicos, pero el ayuntamiento se ha puesto las pilas. Pero si no quiere ruido, no quiere que le molesten, en Catalunya hay muchos sitios solitarios. Lárguese y punto"
¿Qué nos está pasando? Vivimos en una sociedad donde la queja está instalada en nuestra vida cotidiana. Vivimos instalados en el no a todo y al tiempo exigimos más calidad de vida.
Algunos, con una cierta sorna, dicen que son los problemas del primer mundo, pero sin duda delatan que se ha instalado una insolidaridad que campa a sus anchas. Podemos exigir una cosa y su contraria. Ejemplos para aburrir.
Que se lo digan a los activistas que están contra el consumo de carne y al tiempo abogan por el fin del hambre en el mundo. Que se lo digan a los que consideran que los animales tienen derechos humanos mientras que no muestran ningún sentimiento por la necesidad o las penurias ajenas.
Que se lo digan a los muy patriotas que muestran todo su odio contra la inmigración y luego ven con buenos ojos que los migrantes hagan trabajos que ellos no están dispuestos a hacer.
Que se lo digan a quienes despotrican de Rodalies, muchas veces con razón, y que se echan las manos a la cabeza cuando se inicia una obra -como la actual del Garraf- que quiere poner seguridad en un tramo deteriorado durante años.
Hablando del Garraf. ¿Se acuerdan de las campañas contra los túneles? Se auguró el fin del mundo y hoy los túneles son utilizados por miles de ciudadanos.
Que se lo digan a los del “no vull pagar” que ahora se quejan del mal estado de la AP-7. Que se lo digan a los que abogan contra la inseguridad y luego si hay que hacer una cárcel que no sea en su pueblo. Construir la MAT fue un dolor de cabeza por la oposición vecinal contra la línea eléctrica. Se vaticinó incluso el aumento del cáncer en la zona. Pues menos mal que se hizo porque la MAT fue clave para salir del apagón. Qué les voy a decir de los que quieren calefacción y aire acondicionado pero sin infraestructuras, por favor.
Que se lo digan a los ecologistas de salón que abogan por energías limpias pero que gritan no a la primera de cambio si se quiere instalar una incineradora, una central de biomasa o un molino de viento en su zona de veraneo. Cerca de Berga hay una pancarta que reza ¿Incineradora? Ni aquí ni en ningún sitio. ¿Qué hacemos entonces con los residuos, señores y señoras pancarteros?
Queremos más y mejores infraestructuras pero ponemos el grito en el cielo contra la ampliación del aeropuerto o contra el cuarto cinturón. Y qué les voy a decir si nos ponen un centro de menas, de rehabilitación de toxicómanos, una mezquita o incluso una iglesia evangélica, o un centro de atención de salud mental. Que los pongan pero en otro sitio es el análisis más inmediato.
Es la cultura de la intolerancia, de la incomprensión y del egoísmo. Ahora la moda es quejarse del ruido. El Àrea Metropolitana de Barcelona tiene más de 5 millones de habitantes y una densidad de 2.000 habitantes por kilómetro cuadrado.
Barcelona tiene más de 10.000 bares. Se producen más de 8 millones de desplazamientos al día y hay algo más de 600.000 niños menores de 16 años.
Pues en este entorno hay personas que se quejan del ruido. De los coches, de los bares y de los críos. Todavía no entiendo cómo el ayuntamiento no detiene a todos los chavales que griten, practiquen deporte en los patios o disputen partidos los fines de semana. También a los padres que amparan este incivismo irresponsable.
No entiendo cómo todos los centros educativos no se llevan al extrarradio para que no molesten. Igual con los bares que están llenos de jóvenes que quieren disfrutar de la vida y todavía no son unos amargados. Qué decir de los restaurantes que no deberían servir cenas y en las comidas acabar en una hora temprana para no enturbiar la siesta.
¿Y el tráfico? Debería ser suprimido porque es inaguantable. Arrancan, se paran, tocan el claxon y llenan las calles. Todo un desastre. ¿Y las actividades municipales de fin de semana? Suspendidas, por supuesto. Que no me jodan el itinerario de mi paseo. En fin. Bienvenidos al Club de los Enfadaditos. O de los emprenyadets, como gusten.
Vivo en una calle ruidosa. Mucho tráfico con autobuses y autocares para aburrir. De noche y de día. Bares y centros de ocio cercanos hacen de los fines de semana un hervidero. Con contenedores en la puerta y un colegio, con patio, of course, justo al lado. Vivo ahí porque quiero.
Si no quisiera ruido me iría a la montaña o al campo pero lejos del pueblo para esquivar la campana de la iglesia o al gallo madrugador. No se lo van a creer. Cuando despunta el día canta como si no hubiera un mañana. ¡No sé cómo puede estar esto permitido!
Un consejo. Barcelona es una gran ciudad. Somos muchos y hay ruido. También incívicos, pero el ayuntamiento se ha puesto las pilas. Pero si no quiere ruido, no quiere que le molesten, en Catalunya hay muchos sitios solitarios. Lárguese y punto.