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Un cartel de la ZBE de Barcelona en una imagen de archivo

Un cartel de la ZBE de Barcelona en una imagen de archivo Ayuntamiento de Barcelona

Opinión

Colectivizar caprichos ideológicos

"La nula política de incentivos para la renovación del parque móvil nos invita a una reflexión incómoda: quizá la urgencia por descontaminar Barcelona es, en realidad, una prioridad secundaria"

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Las ZBE en Barcelona se presentan como la panacea ambiental, pero su ejecución sugiere algo distinto: son más un capricho colectivizado que un instrumento real de lucha contra el cambio climático.

Recordemos que la Zonas de Bajas emisiones son espacios donde se restringe el acceso de determinados coches por contaminar el aire. 

"No puedes entrar porque contaminas". Ese es el mantra de administraciones barcelonesas, amparándose en los espejos de Londres, Bruselas o París. Nos dicen que conducir ciertos vehículos atenta contra el derecho a la salud.

Sin embargo, la coherencia brilla por su ausencia: mientras se veta el acceso a la Barcelona intra-rondas, en la Zona Franca —pulmón logístico y económico de la ciudad— hay vía libre para el tránsito.

Resulta revelador que la "emergencia climática" se detenga justo donde empieza la actividad económica industrial.

Esta arbitrariedad, sumada a la raquítica inversión en infraestructura de carga y a la nula política de incentivos para la renovación del parque móvil, nos invita a una reflexión incómoda: quizá la urgencia por descontaminar Barcelona es, en realidad, una prioridad secundaria.

Si la emergencia fuera tan crítica como predican, veríamos a un Pedro Sánchez erigido en salvador, desplegando Reales Decretos y bonos ambiciosos para facilitar la transición. En su lugar, lo que encontramos es una carrera de obstáculos.

Me temo que la implementación de las ZBE es, en el fondo, otro engranaje del colectivismo del siglo XXI. Al asfixiar al conductor con restricciones, peatonalizaciones tácticas y la eliminación de parkings, fuerza al trabajador promedio a abandonar su vehículo privado.

No se busca necesariamente un aire más puro, sino el reemplazo progresivo de la propiedad privada por la dependencia de lo público. En esta hoja de ruta, la libertad de movimiento se convierte en la primera víctima del "bien común".

A las autoridades de Barcelona les recuerdo que Francia también puede ser ejemplo de aprendizaje. El Parlamento francés ha eliminado recientemente la obligación de tener ZBE como enmienda a una ley para facilitar la actividad económica, impulsada por Les Républicains, homónimos del PP en el país galo.