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Cartel de Sant Jordi de 2026

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Opinión

Sant Jordi, la verbena

"Así que prepárense, que como cantó Joan Manuel Serrat, 'vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta'. De momento, no nos queda otro remedio"

Publicada

Núria Cabutí es la jefa de Penguin Random House en España y ocho países más, EEUU incluido; una ejecutiva de éxito que tiene bajo su mando sellos como Plaza & Janés, Grijalbo, Alfaguara, Taurus, Lumen y Bruguera, por citar algunos.

El sábado pasado participó en un programa cultural de Radio Barcelona muy entretenido, Llapis de memòria. Hablaba de la actualidad editorial y, claro, de Sant Jordi.

Le interrogaron sobre la participación de La Magrana, una marca que ahora es de la casa, junto a Òmnium Cultural, en el premio Lo Somni para textos inéditos en catalán con un premio de 10.000 euros. Y también por el de Aena sobre libros publicados, dotado con un millón, a ver si se sumaba a las críticas y censuraba a la compañía pública; pero no entró al trapo.

Trató de llevar la conversación hacia lo que más le interesaba en ese momento: publicitar que su empresa ha invitado a una amplia representación de editoriales de todo el mundo a Barcelona para asistir a Sant Jordi.

Una jornada única en el mundo dedicada al libro, a la rosa, al amor; algo que debería ser copiado en todos los continentes.

De pronto se dio cuenta de que estaba anunciando un producto comercial, de que estaba vendiendo un evento que muchos de sus paisanos se empeñan en vincular a un sentimiento de patria y de identidad; incluso religioso.

Y vio que debía modular el mensaje, o al menos el envoltorio: su compañía se gastaba un pastón en procurar que Sant Jordi sea importado desde cualquier rincón de la tierra para hacer negocio librero.

Entonces, como si eso estuviera feo, se puso a hablar de quién paga esa fiesta: la matriz de Penguin Random House, el mayor grupo editorial del mundo, que no es otra que el gigante alemán Bertelsmann, al que ella se incorporó en 1992 como analista financiera.

Cabutí se refirió a Bertelsmann, un conglomerado con cadenas de televisión, emisoras de radio y todo tipo de empresas del mundo de la comunicación y la cultura, como una “empresa familiar”. Jodo! Es como si alguien se refiriera así a Fox Corporation, del magnate Rupert Murdoch.

Creo que se le fue la mano en su empeño de dar marcha atrás, de mantener el manto de santidad que envuelve la jornada en Cataluña para disimular que se trata del Día Internacional del Libro.

Sospecho que, en el fondo, Cabutí está más de acuerdo con Eduardo Mendoza y Valentí Puig cuando tratan de secularizar la Diada para dar transparencia a su verdadera cara; para acabar con la verbena del libro y de la rosa bajo la bendición del santo.

Porque, además, a la industria editorial no le hace falta. Va viento en popa, se ha recuperado de la crisis del 2008 con crecimientos de facturación del 6,3% anual --más de 3.000 millones en 2024-- y del 4% en ventas.

Tiene cuestiones pendientes, como reducir el número de libros editados --90.000 al año--, muchos de los cuales no venden ni un solo ejemplar, mientras que el 95% de ellos no cubren costes. Una producción irracional que ha fomentado la concentración de grandes grupos editoriales.

Pero, en paralelo, el papel ha resistido el embate digital, a la vez que las librerías físicas canalizan el 58% de las ventas. El número de lectores crece y mantiene una participación femenina superior a la masculina. Son buenas noticias.

Es innecesario disfrazar la jornada de lo que no es. Si de verdad fuera una celebración popular, identitaria y nacional hace años que se habría convertido en día festivo por decreto.

Así que prepárense, que como cantó Joan Manuel Serrat, “vamos subiendo la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta”. De momento, no nos queda otro remedio.