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Opinión

Sant Jordi ha matado al Dragón Censor

"Las autoridades políticas y culturales autonómicas, que se autoproclaman progresistas, repiten una práctica reaccionaria y dictatorial del Siglo XIX en el Reino Unido. La denunció Charles Dickens (1812-1870) en su artículo Fraude en el mundo de las hadas (1853)"

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Ayer, Sant Jordi volvió a matar al Dragón Censor de la Generalitat de Catalunya. A pesar de que el gobierno autónomo eliminó a Sant Jordi del cartel publicitario de tan señalada fiesta. Sus delitos: ser santo, heterosexual y salvar a una princesa.

Acostumbrados a tergiversar y falsificar la Historia y la memoria, han mancillado una de las leyendas catalanas más estimadas. Y woques, queers y demás especies minoritarias y autoritarias han desterrado al heroico caballero, patrón de Catalunya.

Las autoridades políticas y culturales autonómicas, que se autoproclaman progresistas, repiten una práctica reaccionaria y dictatorial del Siglo XIX en el Reino Unido. La denunció Charles Dickens (1812-1870) en su artículo Fraude en el mundo de las hadas (1853).

Alertaba Dickens: “Quien se dedique a modificar los cuentos de hadas a capricho, solo para ajustarlas a sus creencias, sean las que sean, es culpable de apropiación indebida”. Y añadía: “a nuestro modo de ver, este tipo de manipulación siempre será arrogante y presuntuosa”.

Guste o no guste al Dragón Censor arrogante y presuntuoso que anida en el palacio de la Generalitat, la leyenda de Sant Jordi, la princesa y la mala bestia no deja de ser como un cuento de hadas.

El sanguinario dragón, reconvertido en una imagen de inofensivo y simpático bicho que no se come a nadie, ni es dragón ni es nada. Representarlo así, no es situarlo en el lado bueno de la historia, sino en el lado imbécil de la historia y de las antidemocracias.

De nada les ha servido tanta estupidez. El pueblo que consideran necio ha hecho lo que ha querido. Comprar o no libros y rosas. Asistir o no a una misa para rezar a Sant Jordi. Celebrarlo o no…

Y felicitar o no a las 3.992 mujeres llamadas Georgina y a las 1.218 Jordina. También a los 71.473 hombres llamados Jordi, a los 32.256 Jorge, a los 1508 George y a los 824 Gorka que viven en Catalunya.

Contaba Dickens: “En tiempos recientes se ha infiltrado un Gran Depredador en el mundo florido de las hadas”. En el caso de Catalunya, los depredadores son los cerebros pensantes de la Generalitat, que se han cubierto de fracaso y de ridículo.

Porque su atentado contra San Jordi y contra la princesa ha servido, otra vez, para ver a los lobos con piel de cordero. A los que predican una cosa y hacen la contraria. A los falsos progresistas de alma retrógrada. Y hasta a simpatizantes de terroristas mahometanos...

A los déspotas ilustrados que viven y chupan de los impuestos se les recomienda la petición de Dickens: “No permitamos que nos roben estas antiguas válvulas de escape que nos son preciosas. Señores, dejen a nuestros cuentos de hadas en paz”. Y a Sant Jordi, también.

Hartos ya de historias manipuladas, de inquisidores, de sermones y de iconoclastas sectarios, urge respetar la integridad de los cuentos y leyendas tradicionales. Aunque el gobierno de Catalunya intente renegar y aniquilar al mismísimo patrón de Catalunya.

Pero como todos los santos tienen octava (ocho días y ocho noches) para prolongar la alegría y la oración por una festividad tan importante, vayan desde aquí muchas felicitaciones a Georginas, Jordinas, Jordis, Jorges, Georges y Gorkas.