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El escritor Eduardo Mendoza

El escritor Eduardo Mendoza

Opinión

De La Ciudad de los Prodigios a La Ciudad de los Mentecatos

"Ahora se ha montado la mundial porque al bueno de Mendoza se le ha ocurrido poner en cuestión qué pinta Sant Jordi en el Día del Libro. Ha dicho lo que pensaba, pero en este país decir lo que se piensa no es bien visto"

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Vaya por delante. Lo hubiera hecho igual, pero con la que se ha montado quería hacer una muestra de solidaridad. Me he comprado La intriga del funeral inconveniente del gran Eduardo Mendoza. Lo he comprado yo y miles de catalanes más, según los datos del Gremi de Llibreters. No es el primero que me compro de Mendoza. El primero que me leí fue La ciudad de los prodigios, en la que hizo una narración impecable del crecimiento de Barcelona, con sus luces y muchas sombras. Me impactó.

Ahora se ha montado la mundial porque al bueno de Mendoza se le ha ocurrido poner en cuestión qué pinta Sant Jordi en el Día del Libro. Ha dicho lo que pensaba, pero en este país decir lo que se piensa no es bien visto.

Es una opinión, una boutade si me apuran, pero es libre de hacerlo. Y el debate, perdónenme, me parece oportuno porque es bueno preguntarse por qué nos ponemos estupendos con Sant Jordi, un soldado romano del siglo III, nacido en Capadocia, una preciosa región de Turquía, que fue martirizado y decapitado en el año 303 por negarse a renunciar a su fe cristiana.

La tradición popular lo convirtió en un caballero legendario que mató a un dragón para salvar a una princesa, convirtiéndose en el patrón de Cataluña. Pero, ojo, no es catalán, no nos vengamos arriba. ¿Y qué tiene que ver con el Día del Libro? Solo porque coincide su festividad con la muerte de Cervantes y Shakespeare.

Pero en el imaginario nacionalista e independentista, Sant Jordi es una Diada Nacional. E ir contra Sant Jordi es una herejía que merece castigo. En este punto aparecen las idioteces como la de Puigdemont cuando dijo en X “Es la revancha de los resentidos. De quienes vivieron con amargura la eclosión de catalanidad después de la muerte de Franco y nunca la digirieron”.

La memez toma cuerpo porque Mendoza es autor de Soldados de Cataluña (La verdad del caso Savolta). Leer no es malo, señor Puigdemont, incluso se aprende.

La grosería indepe subió enteros cuando Junts pide la retirada de la Cruz de Sant Jordi a un laureado y prolífico escritor que ha hecho de la ironía su razón de ser. Pero los estreñidos no entienden de guasas. Y menos, los niñatos de las juventudes cuando quieren hacer acopio de libros de Mendoza para quemarlos en Sant Joan.

La quema de libros, incultos imberbes, no es nueva. La inició el régimen nacionalsocialista el 10 de mayo de 1933 en la Plaza de la Ópera de Berlín y consistió en una acción realizada específicamente por estudiantes -también profesores- del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Estos intolerantes -como la muy catalana muchachada de Junts- echaron al fuego de forma pública libros de aquellos autores que habían sido condenados al ostracismo por considerarlos "peligrosos".

Fue el día grande de la “Acción contra el espíritu antialemán”. Y ese es el pecado de Mendoza ser para ellos anticatalán. Aunque solo es antinacionalista y anti independentista, pero mal que les pese es catalán y de pura cepa.

Pero los que reparten carnets de identidad, e idoneidad, catalanes no entienden ni lo de pensar, ni lo de debatir. Hemos perdido una buena oportunidad para hacerlo tras la provocación de Mendoza.

¿Qué es Sant Jordi? Como dice mi amigo Manuel Úbeda, que ha tenido un par autoeditándose y presentando su libro el día de autos La perra del Marqués -que me resultó entretenido, interesante, innovador y bien trabado- “Sant Jordi es un día mágico lleno de cultura, libros y rosas”.

Vamos, un día de todos los catalanes, no el día de una opción que en estos años ha pasado del entusiasmo al camino de la amargura. Ahora estos se rasgan las vestiduras por unas palabras y quieren que Barcelona pase de De La Ciudad de los Prodigios a La Ciudad de los Mentecatos. Después de oírlos, tengo muy claro que no llegan a la altura de los zapatos de Mendoza y que nuestro escritor de referencia tiene bien ganada su Creu de Sant Jordi.