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Un agente de los Mossos d'Esquadra en una imagen de archivo

Un agente de los Mossos d'Esquadra en una imagen de archivo EUROPA PRESS

Opinión

Por una ciudad más segura

"No es de recibo que quien se lleva las manos a la cabeza por la delincuencia haga demagogia contra la presencia de mossos en institutos e impida que los chicos vean en ellos a funcionarios en los que confiar"

Publicada

Las estadísticas dicen que la delincuencia en Barcelona va a la baja y que asuntos tan preocupantes como la multirreincidencia han empezado a embridarse.

Eso es así, en general, aunque algunos delitos concretos en lugar de disminuir aumentan, como es el caso de las agresiones sexuales. Sin embargo, cuando se producen sucesos graves con muertes de por medio, lógicamente, saltan las alarmas.

Y se desata el debate alarmista.

Porque, pese a las cifras, ni los barceloneses ni los españoles en general tienen la sensación de que la delincuencia va a menos. El uso de armas blancas y de fuego supone una escalada objetiva por más que se diga que quizá esa impresión obedece a las cifras de incautación, no tanto a su existencia o uso.

Lo que tampoco cabe --o no debería caber--, es acusar de buenismo a los responsables policiales del momento. Núria Parlon, la consellera de Interior, fue precisamente la primera socialdemócrata que arrebató a la derecha el monopolio del orden y la autoridad durante su dilatada alcaldía en Santa Coloma de Gramenet.

- La consellera de Interior, Núria Parlon

- La consellera de Interior, Núria Parlon EUROPA PRESS

La delincuencia cayó el año pasado a niveles de 10 años atrás, con un descenso del 6,1% respecto a 2024. De la misma forma, la tramitación de expulsiones de malhechores del país subió un 39%. La multirreincidencia se redujo un 40% en el primer año de aplicación del plan de choque específico; y los juicios a sus protagonistas se han acelerado.

No obstante, la percepción sigue ahí. Y es muy difícil borrarla. Ocurre algo semejante al crecimiento de la economía española –récord europeo-- y al aumento del número de afiliados a la Seguridad Social, que ha superado los 22 millones por primera vez en la historia.

No importa que los restaurantes estén llenos, como las carreteras en fin de semana y los aeropuertos en festivos. La imagen que nos queda es que la riqueza creada no alcanza a toda la población porque, efectivamente, España ha conocido la paradoja capitalista: tener empleo y no llegar a final de mes ni a una vivienda.

De la misma forma que la oposición en el Congreso de los Diputados utiliza la carestía de la vida para oscurecer la buena marcha de la economía, en el Parlament y en el Ayuntamiento de Barcelona amplifica los sucesos que sacuden la ciudad para erosionar a quienes están en el poder. Es normal.

Al Govern y al consistorio no les toca otra que porfiar en la lucha contra la delincuencia y la protección de los ciudadanos sin buscar excusas ni parapetarse en los datos. Al final, las sensaciones se convierten en realidades, como las propias cifras e igual de respetables.

Ahora bien, lo que no es de recibo es que las mismas fuerzas políticas que hacen demagogia contra la presencia de agentes de los Mossos d’Esquadra en algunos institutos y los medios que les bailan el agua se pongan exigentes ahora ante los últimos asesinatos que nos escandalizan.

Manifestación de profesores en Via Laietana

Manifestación de profesores en Via Laietana Òscar Gil Coy Barcelona

Quienes han levantado la voz contra la asistencia de policías a los centros escolares dificultan una de las líneas de trabajo en seguridad a largo plazo. Es fundamental que los ciudadanos, empezando por los más jóvenes, vean en los agentes a servidores públicos en los que confiar.

Tildar a los mossos de represores u ocupadores, como hacen algunos sindicatos de docentes, es justamente lo contrario de una labor de prevención que facilite la colaboración ciudadana en la lucha contra la delincuencia.