Imagen de una de las parejas del programa Viure i Conviure

Imagen de una de las parejas del programa Viure i Conviure Ayuntamiento de Barcelona

Vivir en Barcelona

Convivir con abuelos: la alternativa ante los desorbitados precios del alquiler en Barcelona

'Viure i conviure', un programa de la Fundació Roure, busca combatir la soledad de las personas mayores y ofrece a universitarios un techo gratuito en la capital catalana

3 noviembre, 2023 23:30

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La convivencia es un camino impuesto por la vida en sociedad. Indispensable para crecer, aprender, relacionarse, estar, ser. En ocasiones sabe a seguridad emocional, a cobijo, a compartir, a amar. Otras veces tiene forma de peleas, llantos, gritos, preocupaciones. De vez en cuando tiene gusto de unión, empatía, diversión. Otras veces huele a reglas, a rutina, a diálogo, a respeto. Es el mal de las familias que ya no se reconocen y el consuelo de los que huyen de la soledad

Y en lo que a este último aspecto se refiere, algunas personas de la tercera edad lo saben muy bien. Según los datos del 2022 de la Encuesta Omnibús, el 2,1% de las personas mayores de 65 años en Barcelona aseguran sentirse solas. Un hecho que se ha incrementado después de la pandemia y a lo que muchos centros buscan solución. 

'VIURE I CONVIURE'

La Fundación Roure es una de las entidades caritativas que lucha por revertir esta situación. Por ello, ha diseñado Viure i conviure, un proyecto solidario de convivencia entre una persona mayor y un estudiante universitario. ¿El objetivo? Acabar con la soledad de nuestros mayores y ofrecer una alternativa de alquiler a los jóvenes que quieren estudiar. El programa les proporciona un techo gratis en Barcelona --tienen que pagar una cantidad simbólica por los gastos-- que se convierte en hogar por los lazos afectivos que se crean. 

Un claro ejemplo es el de Montserrat, una anciana que anhelaba compañía cuando decidió formar parte del programa de la fundación. El hospital de Sant Pau fue quien se lo recomendó y, desde entonces, ha convivido con dos universitarios. Ahora vive con Miquel, un estudiante de Menorca de 22 años. “Tenerlo en casa me hace estar tranquila, ya que es una persona encantadora, me ayuda cuando lo necesito y me hace reír”, explica a Metrópoli. Además, comparten algunas aficiones, lo que les permite disfrutar de la compañía del otro. “Vemos las noticias juntos, conversamos sobre Menorca y jugamos de vez en cuando a Rummy”, expresa Montserrat con cierto entusiasmo. Por su parte, Miquel está encantado de poder distraer a su compañera y enriquecerse de su experiencia. El estudiante menorquín decidió entrar en el programa en un momento delicado para él. Su abuela, a la que “tanto quería y tan unido estaba”, había fallecido. Por ello, poder convivir con Monserrat fue un regalo para él. “Se me juntó que quería estudiar enfermería con la muerte de mi abuela”, explica. Por tanto, el programa fue una oportunidad para “poder estudiar la carrera que quería en Barcelona y estar cerca de una segunda abuela”, expresa. 

UNA HABITACIÓN EN BARCELONA

María es otra de las jóvenes que participa en el programa. Y aunque comparte con Miquel la aspiración de estudiar, el motivo que la lleva a la fundación es diferente. La universitaria tiene dos deseos: el primero, sacarse el doctorado de Historia de la Ciencia. El segundo, poder pagar por sí misma una habitación en Barcelona. 

María --nombre ficticio-- vivía con sus padres en Manresa antes de mudarse. “Quería independizarme, ya que estudiaba hasta tarde y llegaba a las 22:30 a casa", explica. Ante esta situación, decidió buscar pisos cerca de la universidad. Sin embargo, sólo encontró opciones que se alejaban de su presupuesto. Por tanto, decidió investigar otras vías al margen del alquiler. Después de mucho buscar, encontró el programa de la Fundación Roure. 

ALQUILER POR LAS NUBES 

El caso de Karen, otra joven que participa en el proyecto, es similar al de María. La estudiante de 27 años vino a Barcelona a estudiar un máster en energías renovables con una beca. No podía permitirse pagar un alquiler y, por ello, optó por convivir con una persona mayor. Tras descubrir el proyecto, asegura a este medio que "fue un alivio" escuchar lo poco que tendría que pagar para vivir en la capital catalana. 

La coordinadora de la fundación, una vez hecho el papeleo, la ubicó con la que sería su compañera de piso durante muchos años. “Fue una bendición encontrar a Maripaz”, expresa con gratitud. “Ella me ofreció un lugar seguro en el que vivir sin necesidad de pagar la cantidad tan descabellada que te piden por un alquiler”, añade aliviada. Pero Karen no solo encontró eso, también halló a una "mujer maravillosa" que "se convertiría en una familia para ella". 

REGLAS DE CONVIVENCIA 

El programa implica unas reglas que, en ocasiones, pueden no gustar a las partes. “Me echó para atrás saber que tengo que llegar a las 22:30 horas a casa”, explica Miquel a este digital. Aunque un día a la semana podría “alargarme más rato, no era suficiente”, recalca. 

Sin embargo, a medida que el estudiante empezó a tener confianza con Monserrat, aumentó la comunicación entre ambos. “Yo te hago compañía, voy contigo a comprar o al dentista y tú me dejas dos días a la semana para poder llegar más tarde a casa”. Con esas palabras el estudiante logró trazar una nueva norma que beneficiaría a ambas partes. 

A diferencia de Miquel, Karen es más normativa y pudo coincidir con Maripaz en el orden y las reglas que estableció su compañera. María, en cambio, tuvo algunos altercados con su compañera debido a las reglas. "Las personas mayores están acostumbradas a hacer las cosas a su manera, y que venga una persona externa que haga las cosas distintas no les gusta", explica. 

MOMENTOS ENTRAÑABLES

Pese a los conflictos mencionados de convivencia, los tres estudiantes coinciden en haber compartido momentos entrañables junto a sus compañeras. Miquel se divierte jugando con Monserrat al Rummy y Karen recuerda con nostalgia una de las actividades que les propuso hacer la fundación. "Tuvimos que ir en unos cochecitos por todo el centro con todos los adornos de Navidad, fue una experiencia muy bonita”, explica. A María le encanta compartir el momento de la cena y la comida con su compañera. “Es un momento muy especial, ya que puedo contarle como me ha ido el día y empezar a conversar sin parar”, confiesa.  

Los vínculos que han construido María, Karen y Miquel son una brecha de esperanza en la sociedad individualista que prevalece. El poder darles vida, cariño, distracción y compañía les nutre por dentro. Pese a ello, María y Karen tienen un frente abierto: son conscientes de que tarde o temprano sus estudios finalizarán y, cuando esto suceda, tendrán que empezar a buscar un alquiler.