Escena de 'Gioconda' en el Liceu

Escena de 'Gioconda' en el Liceu DAVID RUANO/LICEU

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Una buena 'Gioconda' en el Liceu

Saioa Hernández borda la Gioconda, tanto que la ha representado en al menos seis producciones distintas. Probablemente es la Gioconda de este siglo

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Programar la Gioconda no está al alcance de cualquier teatro. Requiere seis solistas de nivel, un gran coro, figurantes, ballet,… Que sea una ópera que se ha representado más de 150 veces en el Liceu dice mucho de nuestro teatro. Es cierto que la primera, Aida, casi se ha representado 500 veces, pero entre 150 y 200 veces hay un buen número de óperas, por lo que en la Gioconda no es, ni mucho menos, una ópera poco frecuente, a diferencia de otros teatros de ópera, como el Real.

El Liceu tiene mucho de lo que enorgullecerse, lo malo es que ni nos lo creemos ni somos constantes.

La producción que vemos ahora cuenta con una buena orquesta, dos buenos coros, el titular y el infantil del Orfeó Català, un buen ballet, unos buenos acróbatas, buenos figurantes,… pero no es excepcional como sí lo fue la producción de 2005 con un inolvidable número de ballet liderado por Ángel Corella y Letizia Giuliani.

Esa danza de las horas quedó en la historia del Liceu, esta Gioconda no. Reitero que es una buena producción, pero solo buena.

Escena de 'Gioconda', en el Liceu

Escena de 'Gioconda', en el Liceu DAVID RUANO/LICEU

Se trata de una coproducción con el Teatro San Carlo de Nápoles, estrenada hace casi un año ni más ni menos que por Netrebko, Kaufmann y Tézier y que por cierto se estrenó en cines este 19 de febrero. La dirección de escena es de Romain Gilbert, de estilo historicista, sin inventos raros, gracias a la escenografía de Etienne Plus.

El vestuario, excelente, de Chistian Lacroix y la iluminación, de Valerio Tiberi, también está muy conseguida. La dirección musical es, conjuntamente con la actuación de Saioa Hernández, de lo mejor de la producción. Daniel Oren es un gran director capaz de hacer que la orquesta suene tanto conjuntada con los solistas como luciéndose cuando toca. Nunca tapa a los solistas, un mal bastante frecuente en la dirección actual, pero cuando tiene que sonar brillante lo hace. Y la conjunción con el coro es perfecta.

Un listón muy alto

El coro luce como hacía tiempo que no lucía y el coro infantil del Orfeó Català también está a la altura. Los acróbatas muy bien, lo mismo que el mimo que apostilla gran parte de las escenas, aportando y nunca molestando, algo difícil cuando la dirección artística se “inventa” un personaje.

El ballet más que correcto en la ejecución, pero la coreografía resulta algo pobre, especialmente si la comparamos con la de Corella. Lo mismo que escuchar a Pavarotti es un problema porque nadie está a su altura, ver la Gioconda de 2005 pone el listón tan alto que cualquier otra coreografía nos parece de otra división.

Respecto a los solistas, Saioa Hernández borda la Gioconda, tanto que la ha representado en al menos seis producciones distintas. Probablemente es la Gioconda de este siglo. Su aria del “Sucidio” fue lo mejor de la noche y recibió tantos aplausos que no hubo bis de milagro. El tenor Michael Fabiano, viejo conocido de la casa, estuvo muy bien, aunque en los agudos iba un poco corto.

Escena de 'Gioconda', en el Liceu

Escena de 'Gioconda', en el Liceu DAVID RUANO/LICEU

En el área Cielo e mar tuvo un leve percance (una flema) que estuvo a punto de arruinar el punto álgido de su actuación. Se repuso bien, pero tardó, lógicamente, en recobrar la confianza. Es lo que tienen los cantantes, el instrumento son ellos y cualquier alteración física se convierte en un problema.

Piezas bien armadas

Laura Adorno, interpretada por Ksenia Dudnikova, no se queda atrás del dúo protagonista, como también destacan John Relyea, quien dio toda la credibilidad a Alvise, y el barítono Gabriele Viviani defendió bien al malvado Barnaba.

El sexteto protagonista lo cierra Violeta Urmana en el papel de Cieca, solvente tanto vocal como dramáticamente. Urmana ha representado, en diferentes producciones, todos los papeles femeninos de esta ópera.

En resumen, una buena representación, con una Saioa Hernández realmente acertada, con todas las piezas bien armadas pero que no desbancará del recuerdo la magistral producción de 2005. En cualquier caso, ojalá toda la temporada tuviese este nivel. El Liceu no se merece menos.