
Fachada de la Sala Bóveda de Barcelona
El ocio nocturno, contra el cierre masivo de discotecas en Barcelona: "Que se deje de prohibir y se empiece a ordenar"
Patronales de empresas dedicadas al mundo de la noche lamentan que, con los años, su situación roza la marginalidad en algunos distritos de la capital catalana
El ocio nocturno estalla contra el nuevo plan de usos de Sant Martí: "Ningún emprendedor apostará por la zona"
Una ciudad compleja, llena de actores que interactúan entre sí, que a veces se complementan, pero otras se anulan. Barcelona está llena de matices y hay debates a la orden del día, en los que es prácticamente imposible que los implicados encuentren un término medio.
En este contexto, son muchos los conflictos que enfrentan a entidades vecinales, que defienden su derecho al sueño, frente al sector del ocio nocturno, que no negando dicho descanso, apuesta por encontrar una solución que permita la actividad económica y el "derecho a salir, socializar y divertirse".
Sin embargo, la tendencia es clara. Barcelona lleva los últimos 20 años perdiendo unas 200 licencias. Esto es, hay 200 bares, salas de conciertos, discotecas que han desaparecido sin sustitución. Ello supone menos oferta con una cada vez mayor demanda, un aumento relacionado directamente con el auge del turismo.
La proporción entre oferta y demanda, previsiblemente, está por crecer gradualmente con el desmantelamiento de gran parte de la estructura lúdica del distrito de Sant Martí, que todavía contaba con el conocido como 'Triángulo Golfo', la mayor zona de fiesta de la ciudad hoy en día.
Restricciones consolidadas
Fuentes del sector señalan a este digital que, si bien ya existía de facto una prohibición municipal para abrir nuevos negocios de actividad musical, el nuevo plan de usos que el Ayuntamiento quiere aprobar este año para el distrito de Sant Martí viene a consolidar esa situación.

Interior de la discoteca Apolo de Barcelona
A su vez, los alquileres no se renuevan, los bares poco a poco van muriendo o se producen polémicas como la sufrida por la Sala Bóveda el pasado noviembre, cuando una empresa de coliving demandó al establecimiento por exceso de ruido. La pugna se zanjó con la clausura de toda su actividad de conciertos --aunque se pudo salvar la discoteca--.
Patronales y locales se movilizan
Por el momento, varias salas y locales, así como la Federación Catalana de Locales de Ocio Nocturno (Fecalon) y la Asociación de Salas de Conciertos de Catalunya (Asacc) han presentado alegaciones contra el plan municipal, al tiempo que critican que se va a estrangular todavía más al sector en la zona.
Pero la cuestión, si bien concentrada en esta ocasión en Sant Martí, atañe a toda Barcelona y su área metropolitana. Óscar Martínez, gerente de la sala Bóveda, detalla a este medio que entre 14 locales pagan a los agentes cívicos desde 2014 para minimizar el ruido y respetar el descanso. "Entre todos, llevamos gastados más de dos millones de euros", detalla.

Interior de la discoteca Razzmatazz en Barcelona
Por su parte, el presidente de Asacc, Lluís Torrents, reivindica la necesidad de la gente de "salir, socializar, bailar y escuchar música" en locales que "garanticen un estándar de calidad" y que cumplen "no solo una función social, sino también económica, cultural (...) y que evitan la celebración de botellones, con también protocolos contra la violencia de género, sexual, o agresiones a secas".
El secretario general de Fecalon, Fernando Martínez, va un paso más allá y señala que existe un vacío en el ocio nocturno en gran parte, ya no solo de Barcelona, sino también del área metropolitana. El modelo que se está siguiendo, considera, es que la gente que quiera salir haya de desplazarse "cada vez más lejos".
Una mirada al futuro
¿Qué puede hacer al respecto la capital catalana, cada vez más tensionada por la crisis de vivienda, pero que mantiene la necesidad de estos espacios lúdicos? Torrents apuesta por "atomizar el ocio nocturno" en zonas que todavía presentan un entorno adecuado. Es el caso de "la Zona Franca, la Zona Universitària o los centros comerciales".
También piden que las administraciones trabajen con la idea de agente del cambio, una figura que implica "que el que genera el cambio acepta las condiciones que se encuentra en su entorno. De esta forma, se puede permitir un cambio de usos en un espacio, pero la propiedad acepta no condicionar la vida o las condiciones del entorno".

Interior de la Sala Bóveda de Barcelona
En términos generales, el futuro de la noche barcelonesa pasa porque "se deje de prohibir y se empiece a ordenar dónde se puede abrir y llevar a cabo esta serie de actividades musicales".
De otra forma, el sector del ocio nocturno se ve abocado a una residualidad, con una agenda de conciertos que se circunscribe a solo unas pocas salas y estadios o grandes recintos y una oferta lúdica insuficiente para esponjar la demanda proveniente de los habitantes de la urbe, los de ciudades cercanas y el turismo.