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Detención de la Guardia Urbana en una imagen de archivo / GUARDIA URBANA

Detención de la Guardia Urbana en una imagen de archivo / GUARDIA URBANA

Opinión

¿Inseguridad? Orden y concierto

"La delincuencia será portaestandarte de los populismos. Les dará igual que las medidas funcionen y explotarán hasta la saciedad cualquier suceso que permita hablar de inseguridad y en el top ten tendremos el binomio inseguridad e inmigración. Porque es cierto que la actividad delictiva ha bajado, pero ahora la batalla es contra la percepción de inseguridad"

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Me sorprendió el gran Enric Sierra en uno de sus últimos artículos en La Vanguardia. Tengo que reconocer que me llevó al huerto con su titular El problema oculto de la inseguridad en las calles. Fui a leerlo con fruición porque los últimos datos de inseguridad no eran para rasgarse las vestiduras como hacen algunos con la ignorancia como regla de juego, y la demagogia barata, aunque tampoco para tirar cohetes. Mejoramos, pero queda mucho por hacer. Por eso, me sorprendió como un periodista de raza quisiera hablar del problema oculto de la inseguridad.

Empecé a leer y solo puedo que aplaudir. Barcelona es la ley de la selva para el peatón -yo añadiría que también para los coches- en manos de patinetes y bicicletas que hacen imposible ir seguros dando un paseo, aunque sea corto. La ley de la selva y la pieza a cazar es el peatón. ¿Inseguridad? Toda, porque bicis y patinetes gozan de impunidad. Espero que la nueva ordenanza funcione y se actúe con contundencia contra quienes importunan a quienes respetan las normas de convivencia.

Pero hay otra inseguridad. ¿Barcelona es insegura? Creo, sinceramente que no y los últimos datos conocidos así lo atestiguan. La actividad delincuencial ha bajado a niveles de 2016. La presión policial, Mossos y Guardia Urbana, ha surtido efecto y el plan contra la multireincidencia también.

Pero, no podemos bajar la guardia porque Barcelona es una ciudad abierta con una población oscilante que va en aumento con el tradicional turismo.

Pero a pesar de los datos, la delincuencia será portaestandarte de los populismos. Les dará igual que las medidas funcionen y explotarán hasta la saciedad cualquier suceso que permita hablar de inseguridad y en el top ten tendremos el binomio inseguridad e inmigración. Porque es cierto que la actividad delictiva ha bajado, pero ahora la batalla es contra la percepción de inseguridad.

Pasear por algunos barrios de la ciudad -patinetes y bicis al margen- se hace difícil. A veces no hay ni peligro ni problema, pero a los barceloneses de toda la vida se les hace raro ver ciertas situaciones, que no cuadran con nuestra cultura, de los nuevos barceloneses.

Sin lugar a dudas hemos de aprender a convivir porque muchos trabajos solo los hacen los nuevos barceloneses, porque los viejos no los queremos ni ver. Por eso, creo que la regularización es positiva porque ya están aquí y trabajan aquí casi siempre en negro.

Su regularización hará posible que coticen y paguen impuestos y quienes los contratan en negro queden retratados. Muchos de estos se rasgan las vestiduras “con tanto inmigrante”, del que se aprovechan.

O llevan debates al Congreso sobre el burka o el hiyab cuando son más que residuales. Si la sociedad les abre las puertas también algunos de ellos dejarán de ser asociales. El respeto debe ser mutuo. Es el pez que se muerde la cola. Si los condenamos al ostracismo harán lo que sea por sobrevivir. Por cierto, como haría cualquier hijo de vecino.

El populismo barato crece a sus anchas en el mundo. Barcelona no es una excepción. Y ojo con L’Hospitalet que se está convirtiendo en todo un campo de cultivo para la ultraderecha xenófoba. Tampoco es una excepción ninguna ciudad de Europa.

El dato que conocimos la pasada semana es sorprendente. Más de diez millones de personas que viven en España no han nacido en nuestro país. Si no fueran tantos tendríamos más problemas porque aquí la tasa de nacimientos ha caído en picado. Un dato. En los próximos diez años en Zamora se jubilará el 30% de la población activa, la autóctona. Si no hay reemplazo la economía se va al carajo, así sin más remilgos.

La inmigración no es el problema, es la solución. Y nosotros hemos de poner un elemento fundamental: La integración. Porque sin integración, sin trabajo y con salarios de vergüenza, no solo no tendremos más cotizantes para fortalecer el bienestar sino que los arrojaremos a caminos poco recomendables.

La gran mayoría no son así. Por eso, hemos de conjugar la integración con la mano dura contra aquellos que hacen de la delincuencia su modus vivendi. Sean de fuera o de aquí. Y delincuencia es robar. Ya sea en la calle o explotando la fragilidad de quien no tiene papeles. O la integración es económica o no será, y entonces tendremos guetos que serán semilla del radicalismo.

Barcelona está haciendo bien el trabajo policial pero debe empecinarse en construir una ciudad agradable para vivir, trabajar y convivir, haciendo oídos sordos de esas soflamas mediocres que confunden inmigrantes con delincuentes, que rechazan darles papeles pero que les exigen que trabajen aceptando salarios esclavistas.

Paséense por las obras para ver quién trabaja, vean quiénes acompañan a nuestros mayores, quiénes trabajan en el campo, las empleadas del hogar, quiénes limpian en nuestros hoteles o sirven en bares y restaurantes. Si los expulsamos a todos, ¿alguien me puede explicar qué haremos? Barcelona no se merece palabras vacuas y falsedades. Necesitamos orden pero también concierto.