Fin -nombre ficticio-, un joven de 17 años de Sant Feliu de Llobregat therian
Woke, el peligro cansino
"Ya se ve al lobo con piel de cordero. Barcelona, por ejemplo, es una ciudad de cada vez más manifestaciones por asuntos woke. Pero con cada vez menos manifestantes creyentes en los cuentos de hadas manipulados. Afortunadamente"
El escritor, traductor y crítico literario Ferran Toutain (Barcelona, 1956) ha publicado recientemente dos extensos artículos sobre el nacimiento, propagación y decadencia de la ideología woke.
En su opinión, el wokismo es un desafío al pensamiento liberal, que no es una ideología más, sino un sistema de convivencia en libertad. El término woke se refiere a la deriva identitaria que ha adoptado el izquierdismo en los últimos años “como sucedáneo de la lucha de clases”.
Pero hay quien habla de izquierda woke y de derecha woke, y no faltan razones para ello: unos y otros coinciden en su rechazo a la libertad de opinión y en el autoritarismo.
El wokismo propiamente dicho, el de la izquierda, ha ocupado el poder en todo Occidente y, aunque pretenda situarse en el lado correcto de la historia, sus desvaríos más bien le sitúan, “en el lado absurdo”.
Agitando el miedo con el fantasma del fascismo, atacan a “todo el que esté un milímetro más a su derecha”. De ahí su antiamericanismo, la judeofobia, el animalismo, el buenismo y otros ismos. Siempre recortando libertades individuales.
Siempre dictando lo que hay que hacer y lo que no. El resultado es que los activistas del progresismo adoptaron estas modas y liturgias “con una presencia agresiva y constante”.
El politólogo y articulista Javier Redondo lo ha llamado “la profesionalización del activismo”. Un modus vivendi consistente en la imposición de sus consignas, por estrafalarias que sean. Sin olvidar los dogmas e imposiciones de lo políticamente correcto.
Concretando el fenómeno en Barcelona, véanse la judeofobia rampante, los boicots contra Israel, los grupúsculos de defensa de dictadores como Maduro, los amigos de Hamás, el silencio cómplice sobre los crímenes de Irán… Además de otras causas alejadas de la cruda realidad ciudadana.
Turismofobia. Humanización de animales y mascotas. Imposición de menús escolares. Obligaciones dietéticas. Curanderismos. Cambios de nombres de calles y monumentos. Histeria climática. Polémicas sobre asuntos banales. Propaganda con postureos extravagantes…
Los inventos del tebeo woke fomentan también la neurastenia del deporte, el culto al cuerpo, el arte prostituido para propaganda política y el acopio de subvenciones. Con “la corrección política y el lenguaje inclusivo”, como mecanismos de censura y autocensura.
Hay más. La paridad de género. La política transgénero. La pertenencia a minorías étnicas como ventaja. Las migraciones. El multiculturalismo… O que “las escuelas dejen de enseñar para celebrar la diversidad” y festejos lúdicos para todo.
Coincide Toutain con David Rieff (Deseo y destino. Lo woke, el ocaso de la cultura y la victoria de lo kitsch, Debate, 2025), con Andrew Doyle (The End of Woke, Constable, 2025), y con Iñaki Ellakuría (Contra lo woke y otros virus identitarios, Scott Libros, 2025).
Sus trampas: victimismo, infantilismo, exclusivismo identitario, resentimiento, sustitución de lo real por lo simbólico. “Y un nuevo lenguaje que trastoca la realidad con solo nombrarla”, señala Toutain.
Pero ya se ve al lobo con piel de cordero. Barcelona, por ejemplo, es una ciudad de cada vez más manifestaciones por asuntos woke. Pero con cada vez menos manifestantes creyentes en los cuentos de hadas manipulados. Afortunadamente.