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Jordi Martí Galbis, en su despacho en el Ayuntamiento de Barcelona

Jordi Martí Galbis, en su despacho en el Ayuntamiento de Barcelona GALA ESPÍN Barcelona

Opinión

Control de daños

"Trias ha optado por un convergente de toda la vida --Martí Galbis-- en una época en la que Convergencia ya no pinta nada (y Junts, tres cuartos de lo mismo). Y eso después del largo sainete de Waterloo con sus candidatos a alcaldable, que ha sido tirando a penoso"

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Cuando yo era pequeño, echaban por TVE (la única que había) una serie norteamericana titulada Viaje al fondo del mar, creada por Irvin Allen y protagonizada por Richard Basehart en el papel del almirante Harriman Nelson, al frente de un submarino experimental llamado Seaview, que en los escolapios llamábamos el Sibius porque no sabíamos inglés y teníamos algunos problemas para entender el doblaje sudamericano de la serie.

Como es de suponer, el Seaview (o Sibius) se enfrentaba a todo tipo de peligros y amenazas de los que salía como podía y, frecuentemente, algo abollado. En ese momento, el almirante Nelson contactaba con un sector de la tripulación bautizado como Control de daños, que estaba siempre a cargo de un tal Kowalski, que solía aparecer en pantalla agobiado mientras trataba de controlar los escapes de agua que lo estaban empapando.

Actualmente, en Cataluña, el papel del Seaview lo juega el partidillo político Junts, cuyo mandamás, Carles Puigdemont, se ha convertido, nos guste o no, en nuestro almirante Nelson. Pero a diferencia de éste, Puchi no cuenta con un departamento de control de daños ni con un Kowalski que le informe de cómo está el patio. Y así le va, como puede comprobarse con el espinoso asunto de la elección de un alcaldable para la Barcelona del 2027.

Sus elegidos han ido haciendo aguas durante los últimos meses, pese al aparente tronío de los presuntos candidatos: Jaume Giró, Artur Mas (alias L'astut), Damià Calvet, Elena Fort, el ex consejero Josep María Argimon (en proceso de ser empurado por su galbana a la hora de vacunar contra el COVID a policías nacionales y guardias civiles), Tatxo Benet…¡Menudo elenco!

Pero todos acabaron pasando de Puchi y diciendo que ellos no pensaban participar en ninguna clase de primarias y que gracias por la oferta, pero no, gracias. Finalmente, pareció que había un candidato dispuesto a decir que sí, Josep Rius, pero hace unos días se dio de baja del asunto.

Me temo que es lo que tiene intentar controlar las cosas desde el quinto pino, mientras que Xavier Trias no se ha movido de Barcelona y no ha parado hasta conseguir que su amigo Jordi Martí Galbis se postule para el cargo de alcaldable.

La última ocurrencia de Puchi, proponer al abogado Alonso-Cuevillas (se echó al ruedo electoral, sin que nadie se lo pidiera, cual espontáneo taurino), que será quien se enfrente a Martí en unas primarias, tampoco parece que vaya a salir muy bien. Puede que Cocomocho sea el presidente más legítimo de tots els que es fan i desfan, pero en Barcelona, quien parece cortar el bacalao electoral es el ínclito doctor Trias i Vidal de Llobatera.

Evidentemente, todo este sindiós organizativo lo único que consigue es que el elector piense que el partido de Puchi es Can Pixa i rellisca. En Junts no hay control de daños, no hay ningún Kowalski y la nave va como va (si se me permite parafrasear a Fellini).

En comparación, en el PSC parecen reinar un orden y una disciplina admirables: no hay más candidato que Jaume Collboni por los siglos de los siglos. Lo cual da una impresión (puede que sea falsa) de que el partido funciona como un reloj suizo.

No es que Collboni sea nuestro caudillo providencial, pero tiene la ciudad más o menos endreçada (aunque los asesinatos a tiros o a puñaladas estén creciendo de manera exponencial últimamente), la gente parece haberse acostumbrado a su presencia, es un hombre de trato cordial en la distancia corta (doy fe), parece preocuparse sinceramente por el problema de la vivienda (aunque no lo resuelva) y el terror extendido entre la población ante la posibilidad (escasa) de que los comunes vuelvan al consistorio juega a su favor, aunque solo sea como mal menor.

Todo el mundo sabe quién es Jaume Collboni, pero casi nadie conoce a Jordi Martí Galbis. En Junts tienen un año, más o menos, para lograr que su candidato sea identificado por la población de Barcelona, pero no estoy seguro de que lo logren.

Trias ha optado por un convergente de toda la vida en una época en la que Convergencia ya no pinta nada (y Junts, tres cuartos de lo mismo). Y eso después del largo sainete de Waterloo con sus candidatos a alcaldable, que ha sido tirando a penoso.

En comparación, lo del PSC es un largo río tranquilo cuyas aguas (posiblemente estancadas) no van a alterar al probo funcionario Martí. Por no hablar de Pisarello: los comunes van a acabar lamentando haberse deshecho de Bob Pop, quien, por lo menos, daba un poco más de vidilla.