Un grupo de profesores corta la N-II a su paso por Premià de Mar este martes EUROPA PRESS
Los docentes y la revuelta
"Las costuras de algunos públicos están a punto de reventar, lo que provoca las protestas de sus profesionales. El caso de los maestros catalanes es singular porque se parece más al activismo 'indepe' que a otra cosa"
La escuela pública padece claros síntomas de saturación. Las ratios de alumnos por clase o el aluvión de recién llegados con necesidades educativas especiales son algunas de las manifestaciones objetivas de los problemas de la enseñanza.
Las costuras del sistema sanitario también se resienten, como reflejan las listas de espera; y en la red de asistencia residencial, las denuncias de los trabajadores del sector son constantes.
En el terreno de la movilidad, la congestión se manifiesta a través de los embudos en las carreteras y autopistas; y de los atrasos en vuelos y trenes. Qué decir de las fuerzas de seguridad y la irrupción de nuevas formas de delincuencia que desbordan su capacidad de respuesta y aumentan vertiginosamente la peligrosidad de su trabajo.
Pupitres y sillas para impedir el acceso a la basílica de la Sagrada Familia el pasado lunes EUROPA PRESS
El malestar de los profesionales de sectores básicos se traduce en manifestaciones y huelgas. Las hemos visto en los últimos meses.
En el caso de los docentes catalanes, la protesta tiene unas características singulares. No solo han organizado un calendario amplísimo, sino que desde el principio el conflicto se ha planteado de forma desproporcionada; para empezar, corte de los accesos a Barcelona: todo el ruido posible ya desde el primer minuto.
El lunes pasado, quinto día de huelga, usaron el material escolar de un centro público para impedir el acceso de los turistas al templo de la Sagrada Família. Escalar el conflicto, le llamaban algunos de los organizadores, los que dicen que se trata de una revuelta. Ayer, las performances tocaron en el Maresme y en las dos comarcas del Vallès.
En las protestas de los docentes catalanes prima el amarillo, el color de los activistas del 'procés' EUROPA PRESS
Usan camisetas amarillas, el mismo color de los agitadores del procés. Y no es la única coincidencia: el diseño de la confrontación con el Govern y con los sindicatos españoles, UGT y CCOO, tiene muchas similitudes con las movilizaciones de los indepes.
El gesto de la basílica quiere ser tan imaginativo como las movidas que organizaban los independentistas: camorrillas callejeras improvisadas, no comunicadas y capaces de sorprender al transportista o al conductor camino de casa.
Evocan los simpáticos cortes de la Meridiana algunos domingos por la tarde para amargar el regreso del fin de semana de las familias de vuelta. Es la vuelta de la “Cataluña de la carretera cortada”, como recordaba Ignasi Jorro.
Protagonistas políticos
A veces, da la impresión de que se les va la olla: sobre todo cuando apelan a los partidos que negocian los Presupuestos Generales de Cataluña para que se abstengan de firmar un acuerdo que no incluya sus peticiones.
Una injerencia sindical tan directa en la actividad política es inédita.
Otra particularidad de los docentes es que insisten tan exageradamente en sus desvelos por la mejora del sistema educativo que terminan por evidenciar que los objetivos menos nobles, si se me permite la licencia, pesan mucho más: sueldos, complementos, retribución de actividades extraescolares.
También centran sus críticas en la consellera actual como si la situación de la enseñanza fuera algo sobrevenido desde 2024, como si no supieran quién ha gestionado la educación en Cataluña durante 40 años.
Si las movilizaciones acaban tras una concesión salarial que apenas suponga una leve mejora de lo obtenido por UGT y CCOO hace tres meses, habrá quien piense que el deseo de ganar el pulso a los sindicatos de clase también es más importante que las arengas en defensa de la calidad educativa.