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Josep Rius, vicepresidente de Junts

Josep Rius, vicepresidente de Junts JUNTS

Opinión

Dime con quién votas y te diré qué eres

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Se han cumplido las previsiones y Junts se ha cargado la prórroga de los alquileres que pretendía aprobar el gobierno español (junto al PP y Vox y la abstención jesuítica del PNV). Así ha demostrado, una vez más y por si hacía falta, que es un partido de derechas y no esa entelequia patriótico-progresista en la que creen Pilar Rahola, Agustí Colomines y demás cerebros privilegiados de la política y la sociedad catalanas.

Recuerden el dicho: si camina como un pato, hace cuac cuac como un pato y parece un pato, lo más probable es que, efectivamente, se trate de un pato. O lo que viene a ser lo mismo: si votas junto a la derecha y la extrema derecha, todo parece indicar que eres de derechas.

El edificio barcelonés en el que vivo ha caído en manos de un fondo buitre tras la defunción del propietario (que era un roñica, pero, por lo menos, se limitaba a subirte el alquiler dentro de un orden y solo se mostraba inflexible en el color de las persianas, que debían ser de color marrón caca por motivos que nunca alcancé a averiguar).

Consecuentemente, planean echarnos a todos los vecinos para reciclar los pisos, levemente tronados, en habitáculos de alto standing para expats y ricachones en general.

Yo ya he encontrado donde meterme (me mudo a Madrid y me incrusto en casa de mi novia), pero mis vecinos no. O sea, que soy el único que tiene un plan B. A los demás, cuando se les acabe el contrato de cinco años, me los pondrán en la calle, a no ser que consigan una prórroga de tres años por vivir en una zona tensionada. En el mejor de los casos, aspiran a una existencia con espada de Damocles.

Gracias a Junts, hasta eso se les ha complicado. Por lo que los conozco, juraría que ninguno de ellos ha votado jamás a los de Puigdemont, pero, aunque lo hubiesen hecho, les habría dado igual, ya que el pequeño propietario tiene más derechos que ellos. Y, ya puestos, los grandes tenedores y los fondos buitre también.

Porque un partido de derechas, aunque no se precie de serlo e incluso trate de ocultarlo, siempre sabe por quien hay que tomar partido. Y nunca es por el ciudadano medio.

En Junts han pasado unos días entretenidos haciendo como que defendían a Jordi Pujol de las malvadas y humillantes maniobras de la judicatura española, que se limitó a hacerle ir a Madrid (¡el día de la Virgen de Montserrat, los muy canallas!) para comprobar que estaba gagá y enviarlo de vuelta a Barcelona (exonerado, ya que no declarado inocente: nuevo sinsabor para alguien más preocupado por su legado político que por su familia, encausada al completo por sospechas de enriquecimiento ilegal).

Los mandamases del partido se ofrecieron a acompañar a Pujol en su infortunado viaje a Madrid, pero, afortunadamente, la famiglia Pujolone en pleno lo rechazó, recordando las prisas que se dieron en cancelar al patriarca cuando se supo lo de la Deixa de l´avi Florenci. Para los actuales neo convergentes, al parecer, Pujol es un referente de quita y pon.

Con la excusa de la catalanidad, los convergentes se han tirado décadas haciendo como que eran progresistas. Y mucha gente se lo ha tragado, creyendo que el separatismo y el progresismo son términos sinónimos. Con lo de la prórroga de los alquileres, se han vuelto a retratar.

En teoría, detestan al PP y a Vox, pero, en la práctica, si se trata de jorobarle la vida a gente como mis vecinos, votan lo mismo que ellos.

A estas alturas del partido, Junts aún no tiene un candidato a las elecciones municipales de Barcelona.

Se lo han propuesto a un montón de gente y todos han dicho que no (menos el abogado Alonso Cuevillas, que se postula sin que nadie le haya ofrecido el cargo). Puede que acaben encontrando a alguien, pero ya se pueden despedir del voto de todos aquellos a los que han dejado en la estacada con su no a la propuesta del gobierno español, que son bastantes más que mis acosados vecinos de Mallorca, 243 (a los que aprovecho para desear mucha suerte).