Xavier Baró

Xavier Baró Metrópoli

¿Quién hace Barcelona?

El suspenso de la semana: Francesc Baró

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La crisis de Junts per Catalunya en Sabadell ha culminado en un desastre sin paliativos.

La dirección del partido ha expulsado a sus dos únicos ediles en la cocapital vallesana --Lluís Matas y Katia Botta-- tras negarse a entregar sus actas de forma voluntaria por el expediente abierto a ambos.

El partido se ha quedado sin representación institucional en el consistorio de la quinta ciudad más poblada de Catalunya.

La decisión es la culminación de un proceso de tensión entre la cúpula del partido en la ciudad, ejercida por Francesc Baró, y Matas, candidato de los convergentes en las últimas elecciones municipales.

Baró es próximo a los postulados dictados desde Waterloo por Puigdemont y ha apostado desde su llegada por romper cualquier acuerdo con el PSC.

En diciembre la dirección de Jordi Turull forzó la ruptura del pacto de gobierno que mantenían con la socialista Marta Farrés.

Aquella decisión, validada por una asamblea profundamente dividida con 31 votos a favor y 26 en contra, fue el primer gran clavo en el ataúd. Matas y Botta advirtieron entonces que abandonar el ejecutivo local era un "error histórico".

Sin embargo, la dirección prefirió obedecer el férreo veto de Waterloo, priorizando el sectarismo ideológico por encima del pragmatismo y la utilidad para la ciudad.

Pero lo que verdaderamente retrata la debilidad e inseguridad del liderazgo de Baró es el bloqueo deliberado al intento de los concejales de sumar nuevos afiliados de cara a las listas de 2027, que demuestra un afán de control absoluto y de bloqueo de las voces críticas con la cúpula actual del partido.

La respuesta no se ha hecho esperar: los ediles han anunciado una querella por daños y perjuicios contra Jordi Turull y Joan Ramon Casals.

El panorama que Baró y la cúpula dejan tras de sí es desolador. En una plaza donde la antigua CiU nunca logró la alcaldía y donde en las dos últimas citas electorales ni siquiera superaron la barrera del 10% de los votos.

El partido se enfrenta ahora a la amenaza de la extrema derecha: Aliança Catalana podría superarales y dejarles sin representación para consumar el fracaso del partido independetista, y en consecuencia, la de su líder local.