Pásate al MODO AHORRO
Una pancarta colgada en un balcón de El Gòtic para denunciar el incivismo

Una pancarta colgada en un balcón de El Gòtic para denunciar el incivismo Cedida a Metrópoli

Opinión

Quejicas y egoístas

"Aplaudo que llamen sinvergüenzas a todos aquellos y aquellas que no respetan la convivencia. Somos muchos y sin civismo la convivencia es un sinvivir. Pero una cosa es incivismo y otra la intolerancia de los quejicas y de los egoístas"

Publicada
Actualizada

Barcelona fue la capital mundial de la maratón la pasada semana. Abel Chelangat voló con 2h 04' 57" en una edición del récord de participantes con más de 32.000 atletas participando en la carrera y con miles de personas gozando de un espectáculo. El objetivo se cumplió y Barcelona volvió “a proyectar la ciudad como un referente internacional en la organización de grandes eventos deportivos y en la promoción de la actividad física”, como dijo en la convocatoria el consistorio.

Pero, siempre hay un pero, nunca llueve a gusto de todos. Aparecieron los quejicas. Esos egoístas que quieren la ciudad a su servicio para salir a pasear por la calle o para sacar su coche para disfrutar de un día de fiesta.

Son los mismos que se quejan por todo. Por la maratón, por los conciertos, por una carrera ciclista, por las fiestas de calles y barrios, por un espectáculo de Fórmula 1, por la Copa América, por las aglomeraciones en un partido del Barça o del Espanyol, por las fiestas de fin de año, por los petardos de Sant Joan... en definitiva, por todo.

En las televisiones, aparecieron ciudadanos muy ofendidos porque no habían podido disfrutar de “su domingo” porque “nos quedamos encerrados”. Son los que prefieren una Barcelona provinciana a una Barcelona cosmopolita. No los soporto, lo siento. Soy un afectado habitual. Vivo en el barrio de Sant Antoni y pillo fin de semana sí y otro también. Es lo que tiene vivir en una urbe, no en un pueblecito solitario en la montaña.

¿Qué te vuelven loco con las restricciones de tráfico, aparcamiento o circulación?  Sí, sin duda. Pero nadie puede decir que te cojan por sorpresa. En la maratón, mi calle fue cortada el domingo y el sábado no se podía aparcar. Desde 15 días antes la señalización te informaba con todo lujo de detalles.

El Ayuntamiento informó también a través de los medios de comunicación y redes sociales. No había margen de error “La celebración de la carrera comportará afectaciones en la movilidad durante toda la mañana, con cortes de circulación, restricciones de estacionamiento y modificaciones en el transporte público en diferentes puntos del recorrido”.

El domingo saqué mi coche del parking situado en la zona cero para no quedar atrapado. Lo aparqué un centenar de metros fuera del perímetro de la carrera. Aquí acabó el problema. Si sales a pasear el problema es mucho menor. No hay ningún inconveniente en atravesar las calles. Solo tienes que evitar cortar el paso a los corredores. ¿En serio esto es un inconveniente? ¿Esperar unos minutos es un drama? En fin, son los problemas del primer mundo.

Solo hay un elemento a tener en cuenta: las urgencias médicas. Y si no te encuentras a un cabeza cuadrada que te veta el paso porque “no pueden pasar coches” no hay problema. Los servicios de seguridad y la guardia urbana te lo ponen fácil y son colaborativos para evitar que situaciones excepcionales se conviertan en un problema de movilidad en la ciudad y un infierno para los afectados. Porque se lo digo yo, hay cabezas cuadradas.

Hace unos años mi padre que sufría un amago de infarto tuvo que pasar el Paralelo en silla de ruedas porque un energúmeno no dejó atravesar la avenida a una ambulancia para llegar al CAP de Manso. El tiempo que hubiera invertido la ambulancia no hubiera sido superior a dos segundos pero al energúmeno le pareció una eternidad.

Barcelona es una ciudad internacional. Vivimos más un 1,7 millones de personas y se producen 8,4 millones de desplazamientos diarios. Es una ciudad dinámica y con voluntad de ser una ciudad abierta. Esta semana, por cierto, ha entrado en vigor la nueva ordenanza de civismo.

Aplaudo que llamen sinvergüenzas a todos aquellos y aquellas que no respetan la convivencia. Somos muchos y sin civismo la convivencia es un sinvivir. Pero una cosa es incivismo y otra la intolerancia de los quejicas y de los egoístas.

Al incivismo se le puede plantar cara. A la intolerancia de la memez es más difícil. Solo se les puede afear su actitud, recordarles que no viven solos en el mundo y que Barcelona es una gran ciudad internacional. Es lo que hay señores y señoras.