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Corte de los docentes en la N-II en Tordera

Corte de los docentes en la N-II en Tordera Europa Press

Opinión

A cortar calles y carreteras a otra parte

"Me cuesta aceptar que profesionales que instruyen la docencia a nuestros escolares ofrezcan a sus alumnos la lección y la ejemplaridad de cortar carreteras y con ello perjudicar a trabajadores o a empresas, cortando las autopistas, calles, las Rondas o los accesos a las ciudades dañando a quienes no tienen culpa alguna de su situación ni de que no sean atendidas sus reivindicaciones"

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El derecho de huelga y de manifestación es uno de los pilares constitucionales garantes del ejercicio legítimo de reivindicación y de expresión. Otra cosa es que, en ocasiones, pueda considerarse que el mismo se torna en un abuso o en un perjuicio desproporcionado e injusto para terceros y, en particular, al ciudadano de a pie o de aquel que rueda con su vehículo o en transporte común.

Las huelgas en servicios públicos se acompasan en su prestación y para con los ciudadanos mediante los decretos de servicios mínimos para garantizar la seguridad, las emergencias, el funcionamiento de las infraestructuras, la sanidad, la educación o la limpieza viaria, por ejemplo.

Estas protestas con frecuencia vienen acompañadas de expresiones que en su ejercicio de libertad discurren en las vías públicas en forma de manifestaciones.

Creo que debiera plantearse sin complejos que manifestarte no ha de ser sinónimo de cortar calles y carreteras. Es obvio que deambulan por la vía pública y que su ocupación perjudica al tráfico, pero debe asegurarse que su afectación sea la mínima y proporcionada. Así, a la obligación de su notificación, debe serle inherente un pleno detalle de recorridos y horarios para que se dispongan las medidas necesarias de información y de una oferta de itinerarios alternativos a los conductores afectados por los cortes de tráfico.

También debiera exigirse que, cuando los protestantes lo sean en un reducido número, lo hagan en las aceras sin ocupar las calzadas reservadas al tráfico rodado. Y por supuesto, no debe consentirse, además de las manifestaciones no autorizadas o no notificadas previamente, los cortes indiscriminados ni tampoco estos puedan resultar impunes o salirles gratis a sus promotores y autores. Estamos asistiendo a la costumbre de resignarnos y de normalizar estos cortes de vías principales o críticas en la movilidad. Desde los “pseudo estudiantes” a radicales barnizados de activistas sociales e incluso, ahora, colectivos solventes como los profesores.

Me cuesta aceptar que profesionales que instruyen la docencia a nuestros escolares ofrezcan a sus alumnos la lección y la ejemplaridad de cortar carreteras y con ello perjudicar a trabajadores o a empresas, cortando las autopistas, calles, las Rondas o los accesos a las ciudades dañando a quienes no tienen culpa alguna de su situación ni de que no sean atendidas sus reivindicaciones.

Hay otras formas de hacer patentes sus exigencias sin molestar a terceros. Pueden llamar la atención de la opinión pública con otros procederes, máxime cuando la mayoría de la sociedad comparte sus inquietudes en lo referente a una educación de calidad con recursos humanos y materiales suficientes para formar a nuestros escolares para que sean los mejores profesionales y las mejores personas en valores.

De ahí a perjudicar en el final de curso escolar a familias y alumnos, amenazar las colonias de verano o impedir a los ajenos circular en su coche, moto, furgoneta o camión en libertad dista un largo trecho.

Para defender sus razones no hace falta cortar carreteras y calles de forma indiscriminada. Para resaltar su queja y petición no es preciso perjudicar a quien no es responsable. Como siempre, paga quien no tiene la culpa.

A aquellos políticos y partidos que aplauden los cortes les diría que propongan que los hagan delante de su casa o en su barrio y podrán constatar cómo se lo “agradecen” sus votantes y vecinos. Siempre tendrán los diputados la opción de reunirse con ellos en su despacho oficial, o frente a él, en el Parlament. Además, a ese cargo electo, si llega tarde o se le impide llegar al trabajo, su sueldo no se verá afectado porque cobra igual.

Reivindicar la mejora de los servicios esenciales nos apela y concierne a todos y las peticiones de estos profesionales son ampliamente compartidas por la sociedad si se dimensionan en su alcance y en el tiempo. Me preocupa que se escoren estas defensas a la izquierda más extrema y hacia una “policíafobia” trasnochada.

Convertir un derecho en un exceso en su ejercicio es un error y un atropello. Reivindicar y ejercer la libertad no es perjudicar la de los demás. A quienes lo hagan, a todos ellos, les diría: “a cortar carreteras a otra parte”.